La farsa del dióxido de cloro en COVID-19

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Ante la urgencia de conseguir algo para no aguantar hambre, en una acción de supervivencia activada a la fuerza, la gente sale a trabajar en el diario rebusque, independiente o no del miedo a enfermarse por COVID-19. El brutal, inexplicable y vergonzoso silencio de las instituciones y organizaciones de salud, tanto internacionales como nacionales, para sugerir algo útil que al menos reduzca las posibilidades de avance de la enfermedad hacia la necesidad de cuidados intensivos, ha brindado un poder sobrenatural al internet de la desinformación.

Todos los días me llegan nuevos videos de médicos extranjeros y colombianos, nunca antes mencionados en base de datos alguna, con cientos de miles de seguidores, hablando y promoviendo los poderes mágicos del dióxido de cloro en el tratamiento de la enfermedad. El tsunami es tal que los principales periódicos, revistas, noticieros y programas de radio, han focalizado sus antenas hacia estos personajes. Varios de ellos, inclusive, mencionan con orgullo la Universidad de donde son egresados y hasta los hospitales donde trabajan.

Tal vez me estoy perdiendo de algo, pensé. Por eso decidí buscar una vez más en la literatura información sobre el dióxido de cloro. No encontré un artículo, uno solo, en donde sugieran que este compuesto puede ser administrado oral o parenteralmente para tratar alguna enfermedad viral o bacteriana. La mayoría de los reportes están referidos a su uso como desinfectante en la eliminación de patógenos, pero por fuera del organismo, en las superficies, ambientes de laboratorios, generalmente para disminuir la contaminación. En otras palabras, es el mismo uso que le damos al límpido cuando queremos limpiar el baño.

Pareciera que aún vivimos en cavernas. La ciencia, disponible para todos a través de millones de documentos sobre fármacos que pueden brindar algún tipo de ayuda, no la estamos usando; por el contrario, y es algo difícil de comprender, lo más difundido en internet es la utilización de un agente oxidante para el cual no hay dato alguno de eficacia contra la enfermedad.

El sistema dice que la OMS, el Ministerio de Salud, el INS son las instituciones rectoras de la salud, pero cuando cualquiera visita las páginas web de estas instituciones, buscando algo, una idea o recomendación, no aparece nada. Esto es lamentable. Un buen panel de científicos, reunidos un día por internet, y con acceso a bases de datos de literatura científica, debería al menos proponer una lista de suplementos que podrían usarse para mejorar nuestra respuesta a la infección. Con seguridad, Vitamina D, Vitamina C, Glutatión, Quercetina, N-acetil cisteína, y varias infusiones de plantas estarán en primera fila. ¿Qué estamos esperando?

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