La Gran Pesadilla

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Gracias a la irresponsable e histórica decisión de nuestras autoridades portuarias y de salud, sumado al insaciable apetito de algunos empresarios turísticos, tenemos el coronavirus en Cartagena. Dios los perdone. Mientras, los habitantes de la aldea, debemos concentrarnos en frenar la pandemia en una de las ciudades más corruptas del planeta.

De acuerdo con lo aprendido de muchos países que no actuaron a tiempo, lo que viene son casos aislados, más casos, grupos de casos (clusters), más clusters, y luego una explosión de clusters, con consecuencias inimaginables. Todo sobre un panorama desconocido, aunque el ejemplo de Italia, país al cual nunca podremos compararnos, puede brindarnos alguna luz.

La alta capacidad de infección del virus, quizás su propiedad más problemática, es catapultada por varios factores, siendo críticos la aglomeración de personas en espacios confinados, el transporte público, su capacidad de supervivencia por períodos largos de tiempo en diferentes superficies, y las condiciones de higiene, entre muchos otros. Lo anterior, sumado a la alta mortalidad en varios grupos vulnerables, lo hacen en extremo peligroso.

Para semejante monstruo, a estas alturas, con un caso confirmado, pero muchos incubándose bajo la sombra, aún podemos implementar medidas. Todas son drásticas y complejas, pero han mostrado efectividad en los pocos casos conocidos de éxito, Singapur y Taiwán.

Cerrar las escuelas, colegios y universidades, bloquearía enormemente la transmisión, por lo que esta decisión debe tomarse pronto. Debemos brindar acceso a la educación en línea. Visitantes provenientes de países con brotes deben entrar en cuarentena obligatoria, así como las personas con alguna posibilidad de contacto con pacientes infectados. Una medida poco popular, pero necesaria tan pronto aparezca el primer brote, es limitar el transporte público y militarizar algunas áreas críticas de la ciudad, en particular las de cuarentena.

La clave de la neutralización de la epidemia está en la velocidad de respuesta de las autoridades, la participación de las comunidades respetando las decisiones, el reforzamiento del sistema de salud, en especial evitar el colapso de los hospitales, y la protección de grupos vulnerables. Concomitante con esto, corresponde a los gobernantes enfocarse y conseguir los recursos para garantizar el aislamiento voluntario de miles de personas, el aumento de la infraestructura médica para los casos graves y la expedición de normas que ofrezcan posibilidades de supervivencia a los trabajadores. Titánica la tarea, y ojalá lo escrito sea solo una gran pesadilla de la cual despertemos pronto.

*Profesor.

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