La ‘Houdini’ colombiana

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La dragoneante Diana Montoya, quien tenía a su cargo la custodia de la excongresista Aída Merlano, se sorprendió cuando escuchó que la gente en la calle hablaba de una mujer que se había descolgado por las paredes, se asomó a la ventana del tercer piso y vio una cuerda roja que pendía del consultorio 318, de un edificio de servicios médicos, y una moto de gran cilindraje que se perdía a lo lejos.

En la fuga se invirtió mucho dinero, dice el procurador Fernando Carrillo.

Detrás de su fuga hubo una sofisticada organización criminal, organizada, ahora dice la excongresista, por el grupo Gerlein en Barranquilla, aseveración que está en duda. El gobierno de Colombia aumentó de 10 a 200 millones de pesos, a quienes dieran información sobre el paradero de la excongresista, y está en entre dicho, el sistema de seguridad penitenciario, el Inpec.

Este está inmerso en un conflicto, en donde diferentes estamentos entran en juego:

1- Los partidos Conservador y Liberal deben ser sancionados, pues son los grandes promotores de la compra de votos. No se quedan atrás, Cambio Radical y la Colombia Humana.

2- El Inpec tiene que desaparecer, más aún a raíz del escape de Merlano.

3- Se crearía la Dipec (Dirección Penitenciaria y Carcelaria), adscrita a la Policía Nacional. Pero debe ser un proyecto constructivo y de verdadera resocialización, debido a que las cárceles colombianas tienen una exagerada población carcelaria y graves problemas de hacinamiento y corrupción.

La escapista apareció

Como un fantasma, Aída Merlano apareció en Venezuela y de la mano de Nicolás Maduro.

Nunca estuvo perdida, este fue un plan, perfectamente orquestado por ella y sus secuaces. No le creemos a la señora Merlano, lo que diga y ahora vocifere Vicky Dávila, quien para minimizar el escándalo armado al periodista Hassan Nassar por el vuelo de la familia presidencial a Panaca, a través de Semana, se fue a Caracas a entrevistarla.

Dos “pastorcitas mentirosas” que tienen rabo de paja.

Colombia y sus políticos, igual que en muchos de los países latinoamericanos, se dan sus mañas, para captar votos, y los nuestros son especialistas, con PHD y Máster en compra de votos, sobornos, tráfico de influencias, lo que para nadie es un secreto.

¿Qué hay de nuevo que tenga que decir Aída Merlano, que nosotros, los ciudadanos de a pie, no sepamos?

¿Por qué no habló cuando estaba en Colombia, y estuvo ante el Juez?

¿Su declaración es un libreto aprendido, solo con el fin de pedir asilo?

¿Podrá salir de las garras de Maduro y Diosdado Cabello?

¿Presidente Duque insistirá para que sea deportada a Colombia?

¿Se convertirá en un “chivo expiatorio”, para zanjar viejas rencillas entre Maduro y Duque?

Hay muchas mentiras, mentiras a medias y medias verdades.

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