Columna


La industria del crimen

GABRIEL RODRÍGUEZ OSORIO

02 de agosto de 2021 12:00 AM

Sabemos del pésimo momento por el que atraviesa la economía colombiana —dada la pandemia—, que es tal vez el peor que hemos vivido en los últimos 50 años de vida republicana; pero en el marco de esta, hay una economía que crece enormemente y se podría decir que es la única que lo hace, además a ratas increíbles, como consecuencia del Acuerdo de La Habana, y es la industria del crimen.

Si algo ha crecido en el país a partir del desmonte de los tradicionales carteles de la droga y como consecuencia del Acuerdo de Paz con las Farc, ha sido el narcotráfico. El aumento de los cultivos propiciado por el acuerdo, ha aumentado a niveles intolerables, echando por tierra todos los esfuerzos hechos por el Plan Colombia y la Seguridad Democrática del presidente Uribe; y devolviendo el país a los niveles vividos en la década de los 90. Las cifras lo dicen todo: 300.000 hectáreas de coca, más de 10.000 laboratorios en producción de 1.300 toneladas mensuales de clorhidrato de cocaína, más de 1.500 bandas delincuenciales, nacidas a partir de este fructífero negocio que mueve más dinero que el petróleo, y que tiene su plataforma de exportación por Venezuela, donde han sido no solo cómplices, sino socios del lucrativo negocio.

Tanto ha sido el crecimiento, que la organización tiene armada una estructura empresarial jerarquizada de tipo piramidal, que se divide en bandas, como la tipo A, que tiene fuerte influencia en más de 20 departamentos, con una sofisticada infraestructura para delinquir, conformada por más de 3.000 hombres. Entre ellas las más importantes son el Clan del Golfo, Los Rastrojos y el Clan Úsuga.

La tipo B, que tienen influencia solo en ciertas regiones, es menos sofisticada que la tipo A, pero que operan como apoyo a estas, conformadas por pequeños grupos de 150 hombres, entre las que están las disidencias del Epl, la Erpac; y la tipo C, que operan localmente, con un variado portafolio criminal, y que son fundamentalmente mercenarios que prestan los servicios de suministro de personal y son verdaderas universidades del crimen, con subsedes en todo el país, que han reclutado a más de 100.000 jóvenes, que se inician en esta lucrativa actividad, y que es la industria más rentable de los últimos 8 años, destacándose entre ellas la Oficina de Envigado, que es una especie de ‘alma mater’ de donde salen los ‘mejores’ delincuentes. Todas estas, unidas a las disidencias de las Farc, que junto con el Eln y las Bacrim crean un conglomerado muy poderoso cuya razón social es el narcotráfico. Y con un gran portafolio como el contrabando, la minería ilegal, el despojo de tierras a campesinos, las alianzas con políticos corruptos y la inversión en negocio legales.

La lista crece preocupantemente y lo que es peor, se reproduce mucho más rápido que cualquier control por parte el Estado.

*Arquitecto.

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