Columna


La justicia abreviada

EDUARDO DURÁN GÓMEZ

06 de diciembre de 2013 12:02 AM

Tiene razón el ministro de Justicia, Alfonso Gómez Méndez, al hacer una exhortación, en su rendición de cuentas, para que la Justicia allane caminos para abreviar los procesos, de tal manera que sea posible cumplir con el anhelo de lograr una pronta aplicación de la ley, y a su vez una descongestión de los despachos judiciales, para acabar con el drama de la acumulación de procesos que cada vez más desacredita de manera dramática a la Rama Judicial.

Sin duda se debe abordar el examen detenido del tema, para aplicar una pedagogía que permita la evacuación de los procesos sin tropiezos absurdos, que terminan prolongando en el tiempo la fijación de los derechos de los ciudadanos.

Hoy en día las comunicaciones y las tecnologías permiten abordar sistemas de trabajo eficientes sin que circulen oficios demorados a través de sistemas tradicionales de correos, y la misma certificación electrónica de documentos y firma digital, permiten en mínimos tiempos hacer recorridos instantáneos, facilitando la labor del juez.

Fuera de eso, es necesario fijar procedimientos muy claros en materia de recursos, pues la indefinición permite a quienes quieren dilatar el tiempo, lograr entrabar los procesos y sacar toda clase de ventajas en detrimento de la realidad procesal y del reconocimiento de los derechos.

Es pan de cada día en las informaciones judiciales, el recurrente estilo de muchos abogados que acuden a toda clase de argucias, para inventarse recursos interminables y torpedear de esta manera la eficacia de la administración de Justicia.

Sin duda, nuestro sistema judicial debe repensarse en lo que deben ser los tiempos modernos, aplicando criterios como los que ordenan el pragmatismo y la racionalidad, así como el del aprovechamiento de los recursos disponibles para tal fin.

Las mismas providencias, lo anota muy bien el Ministro, producen enormes transcripciones innecesarias y desplayan toda clase de narrativas inocuas, en donde es fácil deducir que la redacción de un auto o de una sentencia, puede tomar muchos días, semanas y a veces meses, en circunstancias lamentables de aplicación de una retórica mandada a recoger.

Al juez hay que enseñarlo al análisis práctico de las pruebas, a la evolución dinámica de los asuntos que tiene a su despacho y a producir providencias claras, concisas y despojadas de toda pretensión dialéctica.

La escuela judicial, debe entonces ponerse en práctica cuanto antes y a esa enseñanza se le deben colocar instrumentos de medición de eficiencia, para que el escenario permita un control de la efectividad de la Justicia, en cabeza de quienes tienen la misión de aplicarla.

edgo01@hotmail.com