La moneda

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En sus inicios el comercio se realizaba intercambiando bienes y servicios. No era nada fácil encontrar quien necesitara lo que se ofrecía, y tuviera lo que se necesitaba. La tenencia de algunos bienes muy demandados, facilitaron la tarea hasta que el oro fue aceptado como patrón de intercambio. Cuando se hizo impráctico y riesgoso su transporte, se usaron billetes y monedas que representaban cierto peso del metal precioso guardado en el Banco Central como respaldo (la reserva).

En principio, cualquiera podía reclamar al Banco, en oro, lo que representara su dinero. También los países que acumulaban dinero de otro podían reclamar oro para materializar su riqueza, o para comerciar con aquellos de los que no se tenía divisa, devaluando, al dejarla sin respaldo, la moneda del que entregaba sus reservas. Después de la Segunda Guerra Mundial, EUA impuso el dólar como patrón universal y poco a poco fue perdiendo vigencia el concepto de las reservas en oro. El patrón único facilitó el comercio entre todos los países, y produjo un incremento impensado antes, en la producción y el comercio mundial.

La riqueza de las naciones comenzó a medirse en dólares, o sea en la relación de sus exportaciones versus sus importaciones. Y su valor en moneda local lo determina hoy –salvo excepciones– la oferta y la demanda del dólar, que es un indicador del comercio internacional: más exportaciones significa más divisas, y menor valor, lo que equivale a mayor valor de la moneda nacional, y viceversa. Este mecanismo natural de valor de la divisa medido en moneda local se ve dinamizado por la acción de los especuladores, que lo compran y venden como cualquier mercancía.

En lo domestico, el valor de la moneda depende de la oferta y demanda de los bienes y servicios. Al ser este y el de divisas dos mercados diferentes, un tipo de cambio bajo frente a una inflación alta, podría incrementar las comprar en el exterior donde la oferta siendo mayor, es menos sensible al incremento de la demanda. La libertad de hacerlo conlleva, sin embargo, a que ambos precios se igualen sumándole embalaje, seguros, fletes y aranceles a los nacionales, no existiendo para ellos. Este es el concepto que rige, por ejemplo, la fórmula de precios de los combustibles fósiles.

Lo que sigue es la desaparición progresiva del dinero y su reemplazo por información. Cuando hacemos una transacción digital, por ejemplo, lo que se mueve es la información afectando la contabilidad de quien paga y de quien recibe en valores iguales de suma cero. Esa información, viajando a la velocidad de la luz por Internet, hace posible, para bien y para mal, la moderna economía global. Es fácil imaginar entonces, que los bancos comerciales en ese futuro cercano ya no van a necesitar papel dinero: podrán conceder créditos sin tener el respaldo en efectivo, incrementando la demanda y la especulación mundial.

*Ing. Electrónico, MBA.

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