Columna


La musa que no se rindió

“Llegó sola a esta ciudad, con unos cuantos pesos que le sirvieron para instalarse en un hotel de la Media Luna, únicamente con un acordeón sobre sus hombros”.

JAVIER RAMOS ZAMBRANO

JAVIER RAMOS ZAMBRANO

26 de enero de 2020 12:00 AM

Confieso que había escuchado o leído poco sobre Graciela Ceballos Paccini, más conocida en el mundo vallenato como Chela Ceballos. Desde pequeño tarareaba varias canciones sin saber que las notas del acordeón que acompañaban la sentimental voz de Patricia Teherán, eran tocadas por esa mujer que nació en Barrancabermeja, pero que en Cartagena, desde muy joven, luchó contra viento y marea para hacer realidad sus sueños.

El libro del periodista Rubén Darío Álvarez Pacheco, “Chela Ceballos, la musa que no se rindió”, nos lleva a comprender cómo el liderazgo y empoderamiento de la mujer, transforman culturas. Pues en un mundo machista como en el que vivimos, no es nada fácil crear un grupo vallenato de mujeres; y que luego tenga éxito, como lo logró Chela tras fundar Las musas del vallenato.

Ella llegó sola a esta ciudad, con unos cuantos pesos que le sirvieron para instalarse en un hotel de la Media Luna, únicamente con un acordeón sobre sus hombros y un talento innato. Empezó desde abajo, mezclándose entre los grupos vallenatos de varones que se ganaban la vida tocando en la playa. Su meta era una sola: crear un grupo de mujeres.

Rubén Darío, para mí uno de los mejores cronistas del país, nos adentra en la vida de Chela con una precisión literaria exquisita. En su libro relata todas las barreras que tuvo que superar esta gran mujer para cumplir con su principal objetivo. En su investigación podemos ver a la Chela acordeonista, una guerrera, una maestra, amiga, compositora y empresaria. Podemos, además, comprender cómo conoció a Patricia Teherán, todo lo que tuvieron que pasar para salir adelante. Lo que le enseñó, lo que sufrieron y gozaron, además de las pistas que llevarían a su separación (recordemos que Patricia Teherán luego creó el grupo Las diosas del vallenato).

Las notas del acordeón de Chela pusieron a cantar y a bailar a la gente de la Costa Caribe, pero su ritmo viajó especialmente por el interior del país y enamoró también en Venezuela y Ecuador, donde Las Musas eran muy solicitadas. Al mismo tiempo sonaban los álbumes de Diomedes Díaz, Los hermanos Zuleta, Los Betos, Los Diablitos, el Binomio de Oro, entre otros.

Además el libro, de la editorial Corazón de mango, nos transporta a ese pasado musical del Caribe, especialmente de Cartagena, llamada “la hoguera musical de Colombia por excelencia” por el Festival de Música del Caribe, que nos recuerda a artistas de la talla de Hugo Alandete, Inéditos de Colombia, Jorge “el Cone” Aleán, Víctor “el Nene” del Real, Rey Arturo González, Viviano Torres, entre muchos otros.

Sin duda, son páginas que nos hacen sentir un acordeón bien tocado y entender la vida y la muerte de una mujer que merece todos los honores, por ser la precursora del vallenato femenino en Cartagena.

Periodista. Magíster en Comunicación. Twitter: @javieramoz

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