La oración de Francisco

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La imagen del papa Francisco en la soledad de la plaza de San Pedro, en una tarde noche, gris y lluviosa, cojeando en silencio y cargando el peso de la humanidad sin doblegarse, es una invitación a seguir su ejemplo en la oración y en el ejercicio de la misericordia. En la bendición Urbi et Orbi, unió a toda la humanidad en su corazón de pastor. A los católicos y no católicos, a otras religiones, a los hombres de buena voluntad y a los agnósticos, a todos, nos unió y nos condujo a levantar, sin miedos, nuestras miradas hacia el interés superior de la humanidad: mantener la fe en Dios, ser corresponsables en la hora que nos toca vivir y encarnar la misericordia con gestos de solidaridad por toda la humanidad como lo vienen haciendo los médicos y el personal sanitario, transportadores, servidores públicos y todos los que ayudan en la emergencia para que no falte nada. La humanidad navega en una Barca sacudida por las olas... pero el Señor, ciertamente, no está durmiendo en la barca.

Su mensaje, que nos conmovió a todos, como sus silencios ante la Virgen y el Crucificado son una invitación a que juntos hagamos frente a este flagelo que azota a la humanidad. Francisco, con su gesto, ha reforzado algunas prácticas que hemos recuperado en nuestras familias durante estos días: encontrarnos para orar; volver a los actos de piedad que habíamos descuidado; seguir las celebraciones eucarísticas haciendo nuestra comunión espiritual y disponer de tiempo para la reflexión interior.

Dios acontece, de manera novedosa, en ese mundo enfermo del que nos habló y en el que todos muy fácilmente nos enfermamos. Hemos vivido distraídos por mil sensaciones, embotados interiormente y encadenados a un ritmo de vida deshumanizador. ¿Quién pudiera creerlo? Pero esto que vive la humanidad es la transición del “homo agonicus” de la eficacia, el rendimiento y la utilidad inmediata, al “homo tranquillus” del silencio, el discernimiento y la sabiduría política por el mayor bien de la humanidad.

Esta pandemia nos ha puesto de presente que los criterios del homo agonicus, no son los únicos ni los más válidos para la humanidad. El viernes en la tarde, en Plaza San Pedro, la humanidad tuvo claro que la oración y la bendición no pertenecen al mundo de la muerte sino de la vida y que la lucidez y la vigilancia que hoy necesita la humanidad van de la mano con el silencio y la oración. Necesitamos reflexión interior para enfrentar con valentía esta verdad que nos supera y que nos exige una autocrítica personal sincera. Necesitamos no desalentarnos en el esfuerzo por liberarnos, individual y colectivamente, de este mal que aqueja a la humanidad. Necesitamos orar para poder vivir, como humanidad, de una manera más festiva, agradecida y creadora.

Post Scriptum: necesitamos de una información con más precisión que imaginación.

*Vicario de Pastoral de la Arquidiócesis de Cartagena.

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