Columna


La policía requiere reingeniería

ALCIDES ARRIETA MEZA

ALCIDES ARRIETA MEZA

15 de septiembre de 2020 09:18 AM

La reforma del Estado es una necesidad, en tanto que el rediseño de la administración de justicia y de la policía devienen prioritarias y urgentes, por cuanto estas dos instituciones vienen presentando fallas estructurales que deben ser corregidas.

Las propuestas de reformas al Estado, a la administración de justicia y a la policía nacional, no son nuevas, han estado en la agenda pública, sus intentos han sido fallidos, en virtud de la ausencia de voluntad política y de defensa del interés general.

Las propuestas por supuesto encontrará serios obstáculos y contradictores, por cuanto, el Estado colombiano, ha sido escenario y beneficiario de grupos minoritarios, que Max Weber, denomina élites del poder, estas hasta ahora incapaces de garantizar en gran medida la vigencia de los derechos humanos y del bienestar general.

Es posible que se siga escuchando que las reformas no son necesarias, por cuanto de lo que se trataría, es de la implementación del ordenamiento jurídico colombiano, integrado por un gigantesco diluvio enciclopédico de normas constitucionales, legales, directivas, tratados y convenios internacionales, que ordenan ideales formas de respeto por la vida, la dignidad humana, las libertades públicas, los derechos económicos sociales y ambientales, entre otros. Letra muerta y rey de burlas muchas veces.

Esto es parte del problema, por cuanto, no se trata solamente de la existencia de normas sino del desconocimiento profundo exponencial y progresivo de ellas y de la ausencia de efectivos y precautelativos controles para su cumplimiento. La policía nacional ha ignorado la voluntad general del titular del poder político, el pueblo, en cuyo nombre dice actuar. Paradoja Inconcebible.

En efecto, el estratificado ataque cotidiano, a la gente de bien, a las comunidades negras, raizales, e indígenas, obligan a pensar y plantear una reforma estructural urgente y prioritaria de la policía, por cuanto, en muchos casos, no ha sido eficaz garante de los derechos humanos, ni del respeto de los derechos inalienables de la persona humana.

El cambio que proponemos para la policía es profundamente humano e institucional, el cual debe ser democrático participativo, incluyente, concertado, con respeto a la voluntad e interés general, señalada en el artículo tercero de la carta política, la soberanía popular.

La reforma buscaría hacer una realidad, artículo 218 de la carta, olvidado por un sector de la policía nacional, que les ordena: “La Policía Nacional es un cuerpo armado permanente de naturaleza civil, a cargo de la Nación, cuyo fin primordial es el mantenimiento de las condiciones necesarias para el ejercicio de los derechos y libertades públicas, y para asegurar que los habitantes de Colombia convivan en paz”.

La reforma podría implicar, una gran reingeniería humana y orgánica que implique una selección incluyente de virtuosos seres humanos, la democratización y reformulación de las escuelas de policía que privilegien la ética, la formación humanística, el desarrollo de las inteligencias emocionales, atendiendo los saberes ancestrales, costumbres regionales, dentro de la diversidad étnica y cultural de la nación.

Las líneas preliminares de esta propuesta, plantea un nuevo policía, en una nueva estructura orgánica. La creación de la policía presidencial, la policías regionales, distritales y municipales, para lograr la efectividad del ejercicio de las competencias de los alcaldes y gobernadores como primera autoridad de policía, por cuanto estas autoridades son responsables conjuntamente con el presidente de la república del mantenimiento del orden público, la convivencia, la paz y el disfrute de los derechos humanos. Estas estructuras policiales podrían funcionar bajos los principios de desconcentración, concurrencia, la subsidiariedad y la complementariedad.

Los controles actuales internos y externos deben ser fortalecidos. Comisiones civiles ajenas a la institución deben realizar el control preventivo y posterior de sus actuaciones, para evitar el yo con yo o la solidaridad de cuerpo.

Ahora, en estos momentos, en que los abusos se siguen presentando, deben hacerse efectivos los controles y facultades existentes. Las violaciones deben parar, “ hay que mejorar y eso hay que hacerlo ya” porque “en las democracias la policía es un cuerpo civil preventivo, cerca al ciudadano y que genera confianza...”, sostuvo el Dr. Fernando Carrillo Florez, procurador general de la nación“.

Adenda: El orden social justo, no se lograría solo con la reforma humana y estructural a la policía, requiere transparencia institucional, justicia social, reducción de la inequidad y una sociedad educada para la convivencia.

Abogado y profesor.

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