La política de la educación

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Transformar las malas costumbres políticas en una organización social no es tarea fácil, especialmente en ciudades como Cartagena, donde la desigualdad económica es galopante. El índice de GINI es un indicador utilizado para medir el grado de desigualdad en la distribución del ingreso. Este coeficiente varía entre cero y uno. En situación de perfecta igualdad, el resultado es igual a cero porque sugiere que los hogares dentro de una sociedad tienen el mismo ingreso o que el ingreso está equitativamente distribuido. Cuando el GINI es igual a uno la desigualdad es total, es decir, el ingreso se concentra en un hogar o un individuo.

En la última década, el índice de GINI ha sido en promedio del 0.5, lo que podría ser extraño ya que en ese periodo el presupuesto público anual ha aumentado progresivamente hasta superar el billón de pesos.

Resulta comprobado que la ineficiencia en el gasto y los sonados casos de corrupción, han impedido la implementación de políticas públicas dirigidas al mejoramiento de la calidad de vida para resolver deficiencias en materia de vías, transporte, construcción, acceso a los servicios de calidad, seguridad e inversión para incentivar la creación de empleo privado de calidad, así como el impulso a la empresa mediana y pequeña que permita diversificar la economía. No solo corresponde identificar los problemas, sino también buscar la solución. Esa es la apuesta a la que deben acudir los que aspiran a ser dirigentes.

La educación es integral, por eso hay que entenderla como un proceso que consiste en fomentar el desarrollo de todas las dimensiones humanas como lo son las intelectuales, morales, y éticas. Para tal propósito se debe crear un hábito que permita ir moldeando el carácter y los valores en los estamentos de la sociedad. Así lo entendían los griegos y es lo que permitió que países como Alemania o Japón se repusieran rápidamente a los estragos de la segunda guerra mundial.

La lucha no es fácil, pues la descomposición de nuestra sociedad es en todos los niveles. Existen unas redes complejas de complicidad en los asuntos públicos y privados que crean un espacio donde cohabitan líderes barriales, empresarios, sindicatos, periodistas, y políticos de todos los niveles. Es la lógica con que se ha criado al ciudadano común. ¿Quién podría aspirar a ser concejal hoy en Cartagena solo llevando buenas ideas a los barrios y sin recursos para pagar por publicidad o tranzar resolviendo una necesidad de alimento, o ron?

Una propuesta para ir cultivando, es la de crear semilleros de pensamiento en los barrios, mediante fundaciones integradas por asociaciones público – privadas, para que, como en Grecia, la actividad política sea pedagógica, y se entienda que son las propuestas las variables que determinen el acceso al poder. Esto no está perdido, y en todas las profesiones y escenarios, también hay gente noble.

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