Columna


La Popa

EDUARDO GARCÍA MARTÍNEZ

09 de diciembre de 2023 12:00 AM

En el caprichoso territorio de Cartagena sobresale una elevación de 148 metros sobre el nivel del mar, la más alta de la ciudad, conocida como el Cerro de La Popa. Fue lo primero que vieron los ojos de Rodrigo de Bastidas y Alonso de Ojeda cuando en 1501 descubrieron la espléndida bahía que se extendía a los pies de aquel cerro que semejaba un navío rumbo al sur. La historia del cerro se remonta a mucho antes de la invasión española, ya que los aborígenes la utilizaban para diferentes menesteres. Con la llegada de los esclavizados africanos se convirtió en una especie de palenque habitado por cimarrones.

La leyenda dice que indios y cimarrones realizaban prácticas religiosas en la cima del cerro adorando a una deidad conocida como Buziriaco, cuya apariencia era la de un macho cabrío. Fray Alonso De La Cruz, un monje recoleto, fue artífice de la construcción del convento cristiano en la parte más elevada de la serranía a principios del siglo XVII /1606-1611/ para adorar a la Virgen de la Candelaria, cuando Cartagena ya se mecía sobre sus 80 años de vida citadina. La tradición también cuenta que fue ese mismo religioso quien en algún momento de ofuscación o clarividencia se apoderó de Buziriaco venciendo todos sus temores y angustias, corrió hacia el extremo sur del cerro y arrojó con todas sus fuerzas el dios maligno hacia abajo. Entonces nació otra leyenda: la del salto del cabrón. La inventiva popular aseguraba que los maridos burlados subían a la Popa, buscaban el lugar del sacrificio de Buziriaco y desde allá se lanzaban al vacío atropellados por las angustias del deshonor de alcobas.

La Popa es el cerro tutelar de Cartagena y el monasterio que guarda la imagen de la Virgen de la Candelaria, una de las obras de arquitectura colonial religiosa más significativas de la ciudad. Desde la cima se puede ver en todo su esplendor la ciudad antigua, el imponente sector turístico, la isla de Manga, la zona de Mamonal, Tierrabomba, el gran Mar Caribe, pero también la Cartagena pobre y angustiada que se extiende a lo largo de la ciénaga de la Virgen, un extenso y hermoso cuerpo de agua atropellado por la hecatombe ambiental producida por el hombre.

Cartagena desaprovechó las bondades ofrecidas por la hermosa serranía de La Popa, dejó que sobre ella prosperaran las invasiones de la marginalidad y echó por la borda, como a Buziriaco, la gran reserva natural que representaba. ¿Podrá rescatarse este bondadoso regalo de la naturaleza? Creo que sí. ¿Y Dumek?

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