La revolución de la carne

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Medio kilo de carne a siete millones de pesos suena absurdo y hasta escandaloso, más cuando se trata de carne artificial que luce y sabe a carne pese a no serlo. Con estos precios, el comer hamburguesa, o albóndigas de carne in vitro sería un lujo al acceso de muy pocos, al menos por ahora.

Este ejemplo se refiere a una carne de res que ya desarrollan algunos laboratorios en Israel, China y Estados Unidos a partir de células madres de tejidos de vacas. Desde hace varios años allí se trabaja para que su precio sea accesible a todos; hace cinco años el mismo medio kilo costaba cerca de 565 millones de pesos.

La carne de res tiene en la familia típica colombiana un consumo anual promedio de 19,1 kg per cápita, según Fedegán, que es muy inferior a los más de 70 kg de países desarrollados como Estados Unidos, Australia o Canadá, y que dista del consumo de carne de res cercano al 4% en países como Congo, Libia o Irán. Uruguay y Argentina lideran el consumo de carne de res per cápita con 124 y 120 kg per cápita cada uno.

El consumo mundial de carne de res ha venido bajando en parte por respeto a los animales y al medio ambiente, y en parte por nuevas tendencias hacia las dietas saludables, mientras que el consumo de pollo, cerdo o pescado ha venido subiendo. En Colombia, la sola tradición y gusto por la carne han sido suficientes para mantenerla como una de las fuentes favoritas de proteínas, pero esto podría cambiar, y con ello golpear al sector de la ganadería bovina.

Tenemos el reto de transformar el sector ganadero nacional para hacerlo más sostenible en lo económico, social y ambiental. Por un lado, Colombia tuvo que comenzar a exportar carne al Líbano y Jordania porque sus requisitos de acceso eran menos rigurosos respecto a los destinos tradicionales. Por otro lado, Venezuela, dejó de ser nuestro principal comprador de carne por razones políticas, en 2009. Fedegan con su plan “La hoja de ruta de la Ganadería Colombiana 2018-2022” es consciente de estos retos.

Otros desafíos adicionales a considerar y que cada vez toman más fuerza son el consumo de insectos como fuente de proteínas y como materia prima para la elaboración de ingredientes alternativos, los impuestos al consumo de carnes, y las innovaciones tecnológicas aplicadas a la ganadería.

La carne limpia es una solución a los anteriores retos porque es una real alternativa de consumo frente a la natural. Su producción genera menores emisiones de gases, y consume menos agua y tierra. Más temprano que tarde, los precios de la carne de laboratorio bajarán hasta hacer posible pensar en un futuro sin carne.

*Profesor de la Facultad de Economía y Negocios, UTB

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

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