Columna


La sexalescencia y la esperanza

Orlando Díaz Atehortúa

28 de febrero de 2024 06:45 PM

Te acordás, hermano, ¡qué tiempos aquellos!
Eran otros hombres, más hombres los nuestros. No se conocían coca, ni morfina.
Los muchachos de antes no usaban gomina. ¡Te acordás, hermano, qué tiempos aquellos! Tango Tiempos viejos - Julio Sosa.

Les anuncio, tal como lo hacen las locomotoras al llegar a sus estaciones, que el tren de mi vida está arribando a su última estación laboral. Son 30 años o más al servicio de la Rama Judicial. Mi primer viaje me llevó hasta el municipio de Giraldo (Antioquia), un Juzgado Promiscuo Municipal. Me evoco, con mi cabello brillante, pues en esas épocas usaba el fijador “rompe-corazones- “Glostora” y deambulaba emperfumado y emperfumando el ambiente, con las lociones “pino silvestre y Old Spice”. A la mejor usanza de Pancho Villa lucía un gran bigote. Luego, el tren siguió avanzando y me desempeñé como Juez de Instrucción Criminal en Puerto Berrío, Antioquia (punto de encuentro del grueso del paramilitarismo, que campeaba en esos tiempos). Fue en este Municipio donde celebré el nacimiento de mi hija Vanessa Diaz (que hoy no nos acompaña). Estar a la moda era lucir un pantalón de bota ancha, correa, con una gran chapa y camisa ceñida al cuerpo, con un inmenso cuello. Estaban en apogeo dos grandes de la música “Elvis Presley y The Beatles”. La siguiente estación fue en Itagüí y luego en Bello, Antioquia, después de ingresar a la Fiscalía, en tiempos de Pablo Escobar y el apogeo del sicariato. Época oscura, donde se pagaba por cada policía sacrificado un millón de pesos.

Ese tiempo no fue fácil, pero vinieron años buenos, como cuando fui nombrado Juez Promiscuo del Circuito de Urrao, Antioquia, donde tuve la oportunidad de departir y montar en cicla con el gran “Rigo Urán” (un día nos sorprendió la guerrilla, pero al identificarse el ciclista nos dejaron pasar). La fortuna -que sé yo-, me sonrió en el año 2007, cuando ascendí a la posición de Magistrado de Disciplina en Pasto, Nariño. El tren me llevó hasta La Fantástica, como se le conoce a Cartagena de Indias, y desde el año 2010 hasta el presente me he desempeñado como Comisionado de la Comisión Seccional de Disciplina Judicial de Bolívar, donde mis colegas me han sorprendido gratamente, como con la entrega del Premio Talid a mejor funcionario judicial de la anualidad 2022.

A no dudarlo, somos fuertes, montábamos en bicicleta, “carritos de madera” sin frenos y jugábamos al “quemado” y el “fusilado” con unas pelotas duras que nos “ponchaban”, exponiendo nuestra frágil humanidad y causándonos fuertes dolores. Así nos criamos como el oro, que se funde en un crisol, bajo un fulgurante fuego. Por ello, no nos da temor afrontar, con mucha esperanza, el presente y lo que nos depara el futuro.

Muchos de nosotros honramos el término de la sexalescencia (Manuel Posso) y aceptamos el reto vivencial, pues nos reconstruimos, o estamos ad portas de meterle reingeniería a nuestras vidas. Es claro que a esta edad sabemos que podemos ser muy útiles a la sociedad, impartiendo cátedras (con nuestra experiencia laboral y la tranquilidad que ya gozamos), creando diplomados o especializaciones. Muchos de nuestros contemporáneos escriben en forma excelente (sin dejar nunca de leer) otros se dedican a pintar, algunos colaboran con denuedo en fundaciones filantrópicas, en forma callada y desinteresada, pero contundente. Las damas se convierten en hábiles voluntarias y se comprometen con excelentes causas solidarias.

Ya nos queda más tiempo para acompañar a nuestros amigos, nietos, y a los hijos, en el trajinar de sus vidas. Declaramos que no tenemos ninguna frustración por un viaje negado o aplazado, en razón de la gran cantidad de labores represadas que nos hostigaban. Somos tan selectivos que ya le tenemos tedio a esas reuniones largas “todas importantes”. Inclusive, ya el amor lo consideramos, como siempre lo hemos hecho, supremamente mágico e importante para nuestras vidas; pero sin sacrificar la tranquilidad de leer una buena obra, sentados en nuestro sillón preferido o ver una buena película.

Continuamos, como siempre, con la actitud de explorar nuevas aventuras, por ejemplo, la práctica de parapente, buceo, montar en un globo aerostático, balsaje, rafting. A nuestras compañeras de vida tampoco les da ninguna vergüenza aventurarse en un encuentro de amigas, y tomarse algunas copas o acompañar a sus parejos en estas experiencias de adrenalina.

En fin, no son tiempos buenos para el optimismo, ni para la esperanza, ya que los dueños del mundo y de los medios de comunicación cada día nos arrinconan en el cuadrilátero de la vida, mostrándonos noticias terroríficas sobre el impacto del apocalipsis, el cambio climático, las altas cifras del desempleo y los riesgos de la inteligencia artificial (I.A). El panorama es el de una sociedad indolente, en la que a los “mayorcitos” les espera, según ellos, un final de sus días en asilos y en casas de reposo, y de una manera perversa se promueven “ideas locas” para acabar con la vida de los “sexagenarios” de la tribu, con la excusa de la super población mundial (ya se vivió con el tema de los respiradores, en plena pandemia).

En fin, nos corresponde iniciar nuevos estudios, mismos que venían postergados y buscar creativos emprendimientos que nos permitan una vida económica más holgada al lado de las personas que amamos. Es verdad, nos invade la carga de la nostalgia, pero siempre, con la cabeza en alto, vamos en pro de alcanzar un estado mental, donde trascienda una tranquilidad plena, que sea causa de envidia, así para ello, nos corresponda acudir a la práctica de yoga, con el “saludo al sol” o la meditación. No dejaremos de sonreír y de bailar al son que nos toquen. Dar un paso al costado o para atrás, no es la opción correcta para nuestras vidas. Desde esta tribuna un saludo especial a todos mis amigos sexalescentes y ánimo ¡vamos para adelante, sin ningún miedo al futuro!

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