Columna


La tempestad y la calma

ALFREDO PINEDA CORENA

26 de noviembre de 2020 12:00 AM

Siempre decimos que después de la tempestad viene la calma y en el caso de nuestra ciudad lo venimos viviendo desde hace décadas. El adagio sigue cumpliéndose, pero la calma renace sin que se vislumbren soluciones para que esta sea permanente y transcienda en el tiempo. ¿Sería demasiado pedir a nuestros gobernantes que esto suceda?

Durante y en los días siguientes a la tempestad, surgen opiniones de personas versadas y otras, no mucho, que pregonan soluciones que ya han sido planteadas, estudiadas, diseñadas, rediseñadas, optimizadas y sometidas a toda clase de análisis, socializaciones, estudiadas en los tales centros de pensamiento, foros y demás sitios comunes donde nunca se llega a establecer un verdadero plan maestro para las soluciones urgentes que necesita la ciudad.

El crudo ejemplo de lo anterior lo tenemos en la reciente emergencia provocada por los coletazos de Eta y de Iota, que pusieron en evidencia, una vez más, la fragilidad del sistema de drenajes pluviales y la precaria protección costera, cuyos proyectos siguen dando tumbos en los anaqueles de las dependencias distritales sin que se vislumbre, a corto plazo, una solución radical a ambos problemas.

Del primero, ya lo hemos dicho en repetidas ocasiones: mientras el sistema de drenajes pluviales ande al garete, la ciudad seguirá a merced de las inundaciones en todos sus sectores vulnerables, como lo está desde la desaparición de las EPM y solo se acuerden de que existe cuando se necesita limpiar canales y otras actividades de emergencia, que no dejan de ser paliativos del momento y que no se extienden más allá del próximo invierno. De la protección costera es tanto lo que se ha dicho y ha sucedido que ya no sabemos cuál será su futuro. Por último, tenemos que referirnos al sistema interno de caños y lagos, cuya comunicación con las aguas del mar se perdió hace mucho tiempo por la sedimentación, invasión de sus orillas por construcciones “legales” e ilegales, crecimiento descontrolado del mangle, saturación por basuras y otros efectos antrópicos. Esto trae como consecuencia que las aguas lluvias no tienen la descarga natural de hace muchos años, cuando estas evacuaban hacia la ciénaga de La Virgen a través del caño de Juan Angola y a la bahía de Las Ánimas por los lados de la laguna de Chambacú. Cuándo será que las autoridades entiendan que el manejo de los drenajes necesita de una empresa, ya sea pública, de economía mixta o privada, que se encargue de la revisión de los diseños, manejo integral del sistema, incluyendo la construcción, operación y el mantenimiento de las obras. De lo contrario, estaremos echando la plata en saco roto, en lugar de recuperarla vía servicio público.

*Ingeniero Civil y Sanitario.

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