Columna


La tormenta perfecta

EDUARDO GARCÍA MARTÍNEZ

25 de septiembre de 2021 12:00 AM

Tres informes recientes muestran una tormenta perfecta sobre Cartagena. El primero, de la fundación Cartagena Cómo Vamos, presenta índices escalofriantes sobre la pobreza que afecta a la mayoría de la población. Asegura que de cada 10 cartageneros siete no comen tres veces al día, amen de mostrar las condiciones en que viven miles de personas en barrios subnormales, casi con el agua al cuello, situación agudizada por el invierno actual y la falta de obras de mitigación.

El segundo es un informe de tres universidades -Los Andes, de Cartagena y Eafit-, publicado en la revista científica Scientific Reports y reproducido por varios medios masivos de comunicación. De acuerdo con este documento, los niveles del agua de la Bahía y el mar están más altos de lo que se encontraban hace algunos años, hasta el punto en que solo Haití supera a la capital de Bolívar en mediciones como esta. Para mitades de este siglo, advierten los científicos, el crecimiento del mar en Cartagena llegará a 26 centímetros, como consecuencia del cambio climático. No es todo, porque se asegura que hay fallas tectónicas en el subsuelo de la bahía, lo que se asocia a la posibilidad de que se produzcan terremotos a futuro.

El tercer caso, estudiado por los mismos investigadores de las tres universidades mencionadas, tiene que ver también con las condiciones ambientales y sanitarias de la Bahía interna, cuyos niveles de mercurio, cromo, plomo y níquel superan los límites permitidos.

El director científico del proyecto, el oceanógrafo Juan Darío Restrepo, asegura que la Bahía es una “letrina que ha recogido por décadas la degradación ambiental del país”. Ni más ni menos. Igual sucedió con la ciénaga de la Virgen por más de medio siglo, porque la dirigencia cartagenera de la época, con una visión tan miope como irresponsable, resolvió echar en sus cristalinas aguas todos los desechos sanitarios de la ciudad, degradando su ecosistema hasta límites casi irreversibles.

El investigador de la Universidad de Cartagena, Jesús Olivero, ha advertido por años que la contaminación en la Bahía está produciendo cambios genéticos importantes en varias especies, entre ellas las de caracoles. Por ejemplo, crecimiento de pseudopenes que bloquean el aparato reproductor de las hembras. Con todos estos problemas juntos tenemos de sobra para ponernos a llorar, aunque el asunto no es de llanto sino una inquietante alarma que debe mover a una acción mancomunada que busque y encuentre soluciones apropiadas para tan aguda situación. Que afecta a todos, pero que pareciera poco preocupar. Como si nada pasara, cuando todo está pasando.

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