La tristeza

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A esta altura de mi vida donde cada instante me sorprende, pensé que la melancolía se escapaba de mis intervalos, a esta altura de mi camino, la vida es una colección de erratas porque así es el círculo, equivocarse, enmendarse, reconocerse, autoevaluarse y, a veces la tristeza no es la propia sino la de aquel que te muestra un rostro lánguido inventando lejanías para darle la bienvenida a un nuevo prólogo que se refugia en alivios, en el azar de los días y del tiempo cuando todo resbala sin reparos, descansando en la noche de gritos asfixiados. Y ocurre frecuentemente y duele la tristeza del otro, como me duele la de Rosita, una de tantas Rositas, que hace unos días mientras trabajaba con un grupo de niños en el Barrio Chino un taller de lecto-escritura, descubrí en su mirada la predestinación. En sus pupilas ávidas de colores y de recompensas, el otoño mostraba su rigor con toda su furia. Con apenas 10 años, la alegría para ella es mínima, sus ojos humedecidos sueñan quizá con la paz o con uno que otro milagro. ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás triste? Le pregunté, me dijo que no estaba triste, enseguida su amiguita Luz Amalia intervino y me contó que sí estaba triste porque la semana pasada se le había muerto su papá. ¿Es cierto eso Rosita? Me quedó mirando y me contestó, sí estoy demasiado triste, pero yo no lo conocí. La tristeza de ella era de doble ausencia, una por no haberlo conocido y otra porque las esperanzas de cruzárselo en su camino algún día ya no eran posibles. Nacer no nos garantiza nada, no nos indica que las cosas aunque difíciles tienen futuro porque a pesar de las tristezas y soledades, existe una sociedad y a su vez un engranaje de personas que ocupan puestos para ser el padre de muchos, para velar por las condiciones dignas de los demás, para organizar las localidades, regiones, municipios, departamentos, país y lograr que la casa esté en orden, desterrando la pobreza, el caos, el abuso. Esos humanos, elegidos por el voto popular, esos que pasan a ser sobrehumanos, olvidándose de su real compromiso al ser elegidos, con su actitud lo que hacen es avivar el fuego, fabricando más huérfanos, más desorden, más inseguridad. Y ahora la tristeza de otros, es la mía, tengo la corazonada que en estas elecciones de octubre las cosas permanecerán como otrora, lo veo en las propagandas políticas pagadas, páginas enteras mostrando el ímpetu y la falta de vergüenza, están investigados pero eso no es impedimento para salir electos. Ahora me voy metiendo en mis cuitas que vuelven y revuelven mi memoria presagiando el epílogo de una Cartagena que se desploma lentamente.

*Escritora.

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