Columna


La vacuna

CARMELO DUEÑAS CASTELL

20 de enero de 2021 12:00 AM

Hace dos siglos surgió la vacunación contra la viruela e inmediatamente aparecieron objeciones religiosas, políticas y de todo tipo. La discusión duró décadas durante las cuales muchos fallecieron de viruela. En 1885 miles marcharon en contra de la vacuna. Pasaron más de 10 años para que se aceptara su eficacia y seguridad. En Norteamérica los movimientos antivacunas fueron tan fuertes que en 1905 la Corte Suprema declaró que el Estado podía promulgar leyes obligatorias en salud pública.

La polio dejaba paralíticas a más de 35.000 personas cada año. Se restringía el transporte, el comercio y los sitios de diversión. Los padres encerraban a los niños para evitar el contagio. En 1953 Salk creó la vacuna. En 1954, un ensayo con 1.8 millones de niños concluyó que era efectiva y segura. El laboratorio Cutter fabricó unos lotes defectuosos. Decenas de niños quedaron paralíticos y algunos murieron. El incidente Cutter, el mayor desastre biológico, generó una costosa enseñanza sobre las necesarias pruebas de seguridad y de que la prisa genera riesgos. La viruela y el polio se erradicaron.

Hace 50 años dijeron que la vacuna de DTP (Difteria, Tétanos, Tos ferina) producía problemas neurológicos. Tras mucha discusión y tres catastróficas epidemias de tos ferina se confirmó su seguridad. En 1998 el doctor Wakefield publicó, en Lancet, que la vacuna de sarampión, paperas y rubeola (MMR) producía autismo y enfermedades del colón. Seis años después la revista aceptó que no debió haber publicado el estudio. El 28 de enero de 2010 un tribunal médico determinó que Wakefield abusó de niños y actuó de manera deshonesta e irresponsable y le prohibió ejercer la medicina.

Tras un año de pandemia: 50.000 fallecidos en Colombia; el personal de salud extenuado y al borde del colapso; más de 40.000 pacientes atendidos en UCI; la economía en ruinas y la inminencia de un retroceso de décadas; muchos en negación embriagan sus miedos en oscurantista olvido. En medio de todo surgen cuestionamientos y mezquindades a la mejor solución a la pandemia, la vacuna. La vacuna es uno de los máximos logros de la ciencia, la medicina y la salud pública.

Ahora la OMS reconoció la cruda inequidad y su incapacidad: el mundo se enfrenta a un “catastrófico fracaso moral”; los fabricantes priorizaron pingues ganancias a la salud pública; 10 países acaparadores concentran el 95% de vacunas. En la globalización, el fracaso se pagará en miles de vidas y mayor retraso económico y social. Gran diferencia con el doctor Salk. Este, interrogado sobre sus ganancias por la patente de polio solo atinó a decir: “No hay patente, ¿se puede patentar el sol?”. Pero, bueno, lo decía Willy: “El pasado es el prólogo”.

*Profesor Universidad de Cartagena.

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