Lamentos y tormentos

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El 80 % de nuestros escritos, decires y aportes de análisis a lo que anda mal en la ciudad lo estamos soportando sobre las cenizas, los supuestos y en una menor proporción sobre nombres directos y responsables. Nos hemos convertido en cuenteros anónimos y hemos camuflado la importante denuncia bajo el aparente temor y hacemos uso de murmullos y sonajeros que se entonan en todas partes.

Me escachalindré como hombre público al escuchar constantemente expresiones en la calle que Perencejo o Sutanejo reciben dineros por permisos, licencias, conceptos acomodados y que son dueños de las carteras.

¿Será el sentir del hombre correcto a quien han zanconeado para extorsionarle, o será el lamento del incitador acostumbrado a que por la otra vuelta todo quede solucionado? Casi siempre el que denuncia no es el ciudadano que le duele la ciudad y que al darse cuenta de la anomalía lo pone en conocimiento con gran fuerza. El denominador común es un denunciante que ofreció y no fue tenido en cuenta por los malabaristas de la contratación en supuesta debilidad de los porcentajes pírricos o condiciones desacomodadas que no gustaron. Total en la mayoría de veces el denunciante grita por ser excluido y no por haber ofrecido.

Tenemos que llenarnos de valor y denunciar con nombre propio cuando alguien le pida por una licencia de construcción, por un espacio público, por un permiso de parqueo y de desembarque. Por hacerse la oreja sorda o el ojo ciego de tu anomalía, por los daños ambientales, por una prescripción, por un impuesto de industria y comercio, por una licitación amañada y por un silenciamiento de la voz para no denunciar, y como decían nuestros abuelos que “tanto peca el que mata la vaca, como el que le agarra la pata”.

En la administración pública, a las secretarías a las cuales les corresponde emitir conceptos, entregar permisos etc., cuando algún mando medio o intermediario solicita dádivas, se le embona el delito al grupo político del cual sea filial el funcionario y rezan en coro sublime en los cocteles, eventos y reuniones con énfasis de los criticones, sin constatar o en caso de ser real, sin denunciar a la persona que le solicitó. Lo cual me hace recordar Miguel Ángel Revilla que nos dijo: “Quien guarda silencio ante lo que está pasando se convierte en cómplice”.

¿Serán estos casos de corrupción intimidantes o es que muchos se silencian, disparan con otras manos o integran y fortalecen la telaraña de radio bemba que estigmatiza, derrumba y no ubica el culpable?

La ciudad tiene muchos mandos medios e intermediarios de la cosa pública en donde algunos se aprovechan de las decisiones de los actos administrativos y sugieren la solución sobre el recibo de dádivas para los jefes, llámense concejales, ediles, diputados, alcaldes y gobernadores, entre otros. Recuerda : “Tanto peca el que roba en la huerta, como el que queda a la puerta”.

*Concejal de Cartagena

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