Amor, amor, amor. Siempre estamos hablando de amor, el amor es más de una vez una cesta vacía, en el brazo arco iris en dos corazones.
Amor, amor, el amor es cuando te amo, el amor es cuando me ama sin decírmelo, sin decírtelo.
Reconozco, pertenezco a la cofradía de los eternos enamorados, en una sociedad globalizada, que tiene como mira esencial rendirle un culto exagerado al billete y a la vida fácil, cero compromisos, cero niños, cero responsabilidades, cero cumplimientos de deberes, y es que el amor, conlleva cierta ansiedad, incertidumbre, el angustioso dilema de lo que va a pasar, que se agrava algunas veces en ese plano sentimental, con fuertes desasosiegos, tristezas, celotipias, paranoia. El amor no es fácil, no es como decir: “Venid, tomémonos un café y charlemos”. Es indudable, el amor no es para cobardes, ni personas faltas de sensibilidad y amor propio, se requiere de buenos sorbos de valentía, acción, compromiso, saber escuchar y comprender a su pareja, y grandes dosis de humildad, para conocerse a sí mismo y poder conocer al otro, gratitud y entender que el amor se construye, día tras día, con detalles y palabras dulces.
Con razón, Erich Fromm (Psicoanalista y filósofo humanista- judío alemán- 23 marzo 1900. 18 marzo 1980) nos mencionaba en su libro ‘El arte de amar’: “El primer paso es tomar conciencia de que el amor es un arte, así como la vida es un arte; si queremos aprender a amar, debemos proceder de la misma manera que debemos proceder su queremos aprender cualquier otro arte, como la música, la pintura, la carpintería o el arte de la medicina o la ingeniería”.
Se requiere entonces de una entrega de parte de nuestro ser y nuestra alma, se exige rigurosidad y seriedad en la relación, un balance entre la teoría y la práctica, sin titubeos, sin dudas, con verticalidad, si queremos saborear sus dulces mieles, recordemos de nuevo a Fromm: “El amor es la única respuesta a nuestra existencia, él es quien nos confiere sentido”.
Un hombre, por decir algo, poco agraciado, se convierte en todo un galán hermoso, un querubín, inclusive, con sus defectos, cuando se mira con los ojos del amor. Igual sucede con una mujer, con una indiscutible belleza interior, que le flaquea un poquitín la exterior, que al ser amada por su hombre, se transforma en su fuente de inspiración, dueña de sus sueños y de su corazón. Ese ser renovado transita por una calle, llena de personas, extrañamente, solo se oye el repiqueteo del calzado, del ser amado al caminar.
No podemos olvidar que se trata de entregar parte de nuestra libertad, indudablemente seguimos siendo nosotros, pero metidos de lleno en un mismo proyecto de vida, todo tiene un coste, Fromm, para hablar del tema de la liberación, en la intimidad, expresaba: “Si dos personas que han sido extrañas... dejan de pronto que la pared que hay entre ellas se rompa para sentirse y descubrirse, esta será una de las experiencias más emocionante de la vida”.
Hasta este punto, esta columna, no obstante, para el eventual lector que se detenga a leer estos párrafos, no puedo terminar, sin invitar a saborear, con deleite, al gran Khalil Jalil Gibran, que en su libro ‘El profeta’, publicado en 1923, inspirador de la “New Age”, nos trae un texto del poema en prosa, ‘El amor’, que dice:
“Entonces dijo Almitra: Háblanos del Amor
Y él alzó la cabeza y miró a la multitud, y un silenció cayó sobre todos,
y con fuerte voz respondió:
Cuando el amor os llame, seguidle,
aunque sus caminos sean duros y escarpados.
Y cuando sus alas os envuelvan, doblegaos a él,
aunque la espada oculta entre sus plumas pueda heriros.
Y cuando os hable, creed en él,
aunque su voz pueda desbaratar vuestros sueños así
como el viento del norte convierte al jardín en hojarasca.
Porque así como el amor os corona, os crucifica.
Así como os hace crecer, también os poda.
Así como se eleva hasta vuestras copas y acaricia
vuestras más frágiles ramas que tiemblan al sol, también
penetrará hasta vuestras raíces y las sacudirá de su arraigo a la tierra.
Como espigas de trigo,os cosecha.
Os apalea para desnudaros.
Os trilla para libraros de vuestra paja.
Os muele hasta dejaros blancos.
Os amasa hasta que seáis ágiles,
y luego os entrega a su fuego sagrado, y os transforma
en pan sagrado para el festín de Dios.
Todas estas cosas hará el amor por vosotros para que
podáis conocer los secretos de vuestro corazón, y con
este conocimiento os convirtáis en un fragmento del corazón de la Vida.
Pero si en vuestro temor sólo buscáis la paz del amor,
el placer del amor,
las mieles del amor,
entonces más vale que cubráis vuestra desnudez y
os aparteis de la senda del amor,
Para que entréis en el mundo sin estaciones, donde
reiréis, pero no todas vuestras risas, y lloraréis,
pero no todas vuestras lágrimas.
El amor sólo da de sí y nada recibe sino de sí mismo.
El amor no posee, y no quiere ser poseído.
Porque al amor le basta con el amor.
Cuando améis no debéis decir “Dios está en mi corazón”,
sino más bien “estoy en el corazón de Dios”.
Y no penséis que podéis dirigir el curso del amor,
porque el amor, si os halla dignos, dirigirá él vuestros corazones.
El amor no tiene más deseo que el de alcanzar su plenitud.
Pero si amáis y habéis de tener deseos, que sean estos:
De diluiros en el amor y ser como un arroyo que
canta su melodía a la noche.
De conocer el dolor de sentir demasiada ternura.
De ser herido por la comprensión que se tiene del amor.
De sangrar de buena gana y alegremente.
De despertarse al alba con un corazón alado y dar
gracias por otra jornada de amor;
De descansar al mediodía y meditar sobre el éxtasis
del amor;
De volver a casa al crepúsculo con gratitud,
Y luego dormirse con una plegaria en el corazón par
el bien amado, y con un canto de alabanza en los labios”
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