Columna


Las contradicciones de Glasgow

SALVATORE BASILE FERRARA

24 de noviembre de 2021 12:00 AM

Cuando Roberto Pombo, director de Viva Fm de Caracol estéreo, me envió a Nueva York para cubrir uno de los tantos días de la Tierra, más de 140 países se unieron a la iniciativa a través de diferentes plataformas ambientales. Y naturalmente nada serio pasó, mucho bla bla bla ambiental, muchas ONG, el increíble salón de las ONG queda en las naciones unidas, exactamente debajo del auditorio principal albergando más de quinientas organizaciones no gubernamentales. Es un hervidero de proyectos de discursos de buenas intenciones pero es también un cementerio de árboles, sí señor, en la sala al frente al auditorio había una mesa de alrededor 100 yardas toda cubierta de material gráfico para la prensa y los participantes, brochure, folletos, flyers, infografías, toneladas de papel y de la mejor calidad, que todos los días se cambiaban por otras toneladas de papel haciendo más daño que una deforestación del narcotráfico.

Y lo mismo está pasando en Glasgow donde más de 180 aviones privados han aterrizado y decolado del aeropuerto causando un daño ambiental de toneladas de emisión de gases.

El auge de los vuelos privados está disparando las emisiones de CO2. Los aviones privados, por término medio, son 10 veces más intensivos en carbono que los aviones de pasajeros, y 50 veces más contaminantes que los trenes, según las conclusiones del informe ‘Aviones privados: ¿grandes fortunas para costear una aviación libre de emisiones?’, que analiza en el impacto climático de la aviación privada: un sector sumamente invisibilizado, pero con un impacto ambiental desmesurado.

Los resultados del estudio no dejan lugar a dudas: el impacto climático de la aviación es desproporcionado y está creciendo rápidamente. Pero es causado por un grupo muy pequeño de personas: solo el 1% de las personas causa el 50% de las emisiones de la aviación mundial. Por lo que están reunidos todos los países del mundo.

El informe, realizado por Transport & Environment (T&E) revela el papel desempeñado por los superricos que viajan en jets privados para distancias muy cortas: las emisiones de CO2 de un vuelo privado de cuatro horas equivalen al total de emisiones de una persona durante un año. Y para ser más preciso, un jet privado emite dos toneladas de CO en una hora mientras un ciudadano europeo emite 8 toneladas en un año.

Y estos son los mismos que ahora están hablando con las grandes industrias, de modificar sus emisiones y rebajarlas a un mínimo acordado globalmente, mientras ellos están usando el peor medio de movilidad y el más contaminante. Esta es la actitud del 1% de la población multimillonaria que prefiere envenenar la tierra antes de abordar un vuelo comercial.

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