Las “manzanas podridas”

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El nuevo escándalo que sacude al país por las revelaciones de la Revista Semana sobre la continuidad de chuzadas ilegales a políticos, magistrados y periodistas, como parte de acciones de inteligencia y contrainteligencia militar, representan una afrenta a esa mayoría de colombianos que confiaba en que la nación había superado los tiempos del oscurantismo.

Pero si el episodio reviste gravedad, por comprometer directamente a la institución militar, que no estaba precisamente espiando a terroristas, narcotraficantes, insurgentes o delincuentes comunes, sino a ciudadanos cuyas actividades están protegidas por la Constitución y la Ley, es mucho más grave la forma fútil como el Gobierno Nacional intenta enfrentar el escándalo.

Los anuncios del alto gobierno que responsabilizan de las chuzadas a unas cuantas “manzanas podridas”, se convierten en un verdadero insulto a la inteligencia de los colombianos. Pretender responsabilizar de semejante estrategia de seguimiento clandestino a un puñado de uniformados o civiles, motivados por intereses individuales, es una desmedida insensatez.

Para la realización de las chuzadas fueron necesarias cuantiosas inversiones con recursos del Estado en la compra de sofisticados equipos tecnológicos, el uso de instalaciones militares y la asignación de personal castrense para las acciones de seguimiento, obedeciendo la cadena de mando. Ello supone la existencia de un plan concebido al más alto nivel, ejecutado de forma sistemática, precisa, y no a una temeraria aventura de militares díscolos.

Tal premisa se corrobora con el hecho de que las primeras denuncias formuladas por algunos de los afectados con las chuzadas en 2019, fueron desmentidas y diluidas con contundencia y celeridad, en una aparente solidaridad de cuerpo por parte del Gobierno y de otros organismos investigadores.

Todo parece indicar entonces que la capacidad investigativa de un medio de comunicación como Semana, supera con creces la del propio Estado, a decir por la precisión de detalles que reveló parcialmente en su denuncia, publicada el sábado anterior bajo el título ‘Chuzadas sin cuartel’.

Lo que poco sorprende son los supuestos destinatarios de las informaciones sobre las chuzadas. De alguna manera ya el país identifica el origen de tales prácticas, y las reacciones subsiguientes cuando se sienten descubiertos, asumiendo la condición de víctimas de “nuevas infamias”.

Flaco favor le hacen a la democracia, que dicen defender, quienes se empecinan en impedir la libertad de pensamiento e ideas, encontrando enemigos en quienes se separan de sus dogmas ideológicos, y desvirtúan el poder del Estado poniéndolo a su servicio, aunque ello implique transgredir los más elementales principios éticos, morales y legales.

*Asesor en comunicaciones.

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