Las penurias del correo 472

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Colombia es un país en donde la resignación se hace costumbre. Todo lo referente a empleos y actividades oficiales gozan de licencia para la morosidad. En ese panorama gris, sobresale nuestro patriótico correo llamado “472”, que a fuerza de su lentitud, ha impuesto el letargo de sus propios tiempos. Indiferente, a la gravedad de los términos del asunto oficial de que se trate.

No se requiere envíos a Cuba ni a sitios lejanos para advertir su morosidad endémica. Correos oficiales de la misma ciudad, que transportan noticias de tutela, habeas corpus o notificaciones perentorias, llegan como muestras burlonas de un pasado procesal ya vencido.

Magistrados y jueces siguen atrapados en la necesidad de su uso obligatorio, en el temor de alguna eventualidad en los correos privados, cuando no les es posible acudir, -como ya es lo ideal-, a correos electrónicos para sacarle el quite a los letargos del único medio oficial.

Personalmente imagino, para eludir algún injusto reproche, que todo es producto de una faena heroica que cumplen diezmados funcionarios a quienes les estamos exigiendo mucho mas de sus humanas fuerzas, cuando las mismas tareas son cumplidas en los correos privados por un número triplicado de empleados particulares apertrechados con mejores equipamientos.

Seguro es así y no podemos ni esperar ni exigir superiores ejecutorias. El mejor esfuerzo con tan malos resultados, en todo caso, no justifica desatender el desafío.

Mantener este estado de cosas es dilatar la deficiencia y crear más dificultades cuando no pocas veces se requiere luego procurar a fuerza de constancias oficiales del mismo correo 472, la credibilidad del recibimiento de las noticias y citaciones trasnochadas de cara a la rehabilitación de los términos vencidos.

Ya es tiempo para buscar soluciones y alternativas inmediatas y efectivas, imponiendo rectores de competitividad del mercado privado o definitivamente privatizando del todo el servicio o finalmente, realizando algún convenio comercial que permita que esta prestación tan cara a las funciones publicas se rehabilite.

No es aconsejable que en temas procesales dependamos de una mala presunción que la experiencia desmiente de continuo.

Mientras ello sucede, tengamos la esperanza de no ser destinatarios por estos días de ninguna noticia importante remitida por este medio. Es que, parodiando a Gabo, tanto sufre el Coronel por no tener quien le escriba, que por tener quien le escriba si lo hace por una morosa empresa de transporte. El futuro del servicio todos lo escribimos hoy.

*Rotaremos este espacio para mayor variedad de opiniones.

**Abogado

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