Columna


Las venas abiertas de la ciudad

JESÚS OLIVERO

JESÚS OLIVERO

14 de julio de 2017 12:00 AM

En los últimos días sectores de opinión y comunidad insisten en terminar el contrato de los peajes internos en Cartagena. Nada ha sucedido, y tal vez nada ocurrirá, pero este es uno de los muchos ejemplos de las venas abiertas de la ciudad cuyo impacto nos hace liderar los indicadores de pobreza e inequidad en el país. 

Las utilidades de este negocio podrían atender las necesidades básicas de salud, educación y recreación de muchos barrios de bajos salarios. La respuesta de Edurbe es seguir hasta 2020, como si una hoja de cálculo de un estudiante de secundaria no fuese capaz de mostrar que ya pagamos con creces el costo de una vía incompleta y llena de polvo todo el tiempo.

Los peajes son apenas un ejemplo. Cualquiera, hasta el más tonto, identificaría en la urbe cientos de posibilidades. Mi pobre capacidad no me permite comprender por qué los monumentos de la ciudad no aportan por lo menos el 60% de sus utilidades a la educación y la cultura. El cuento de una boletería sólo para pagar mantenimiento es ridículo y majadero. Este patrimonio debe financiar la educación universitaria de al menos 100 jóvenes, sacándolos a ellos y sus familias de la pobreza extrema.

Quien use las chivas o las lanchas a las islas debe aportar dos dólares al distrito. Suban las tarifas, igual los turistas pagarán, o ganen menos y mantengan la clientela, pero si esas posibilidades de aportes no son aprovechadas, la famosa competitividad, entendida como una función de oportunidades de bienestar para los cartageneros, siempre será un fantasma arrodillado.

Hace poco estuvieron varios de los jugadores más cotizados del mundo en Cartagena. El alcalde pudo visitarlos y sacarles al menos una contribución para la pobreza y una foto, y con seguridad dirían que sí. Cuando llegaba Magic Johnson a Michigan, el presidente de mi universidad, MSU, lo recogía en el aeropuerto, le mostraba lo nuevo y el basquetbolista siempre dejaba su cheque, mínimo de seis dígitos.

Es notorio el interés del Concejo de establecer control político a los problemas urbanos, y eso es plausible, pero estos ejercicios cada vez parecen tener menos capacidad de transformar o impactar. Todos, pero en especial la administración distrital, debemos insistir en generar índices positivos a corto plazo, o la heroica, regocijante, impetuosa y fantástica, seguirá deshaciéndose como estiércol en aguacero, con gotas gigantes de desentendimiento y corrupción erosionando su resiliencia, arrinconándola a la suerte del que pueda puyarla más duro hasta desangrarla.