Las vigencias futuras

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Increíble que cada mandatario que llega al palacio de la Aduana, ya sea, por elección popular, designado o encargado, se empeñe en comprometer las finanzas del Distrito a futuro, es decir, los ingresos de años venideros. ¿Habrá alguna dependencia dentro de la Alcaldía de Cartagena, del Concejo o algún ente de control que pueda decirle a los cartageneros cuántos miles de millones de pesos están comprometidos, cuánto se paga en intereses a la banca privada y hasta qué año? Creo que la ciudad se merece esa explicación pues un alto porcentaje de esos dineros proviene de los impuestos que pagamos cada año. Llegará el momento en que un alcalde, bien intencionado, no tenga recursos para ejercer una administración transparente, si es que algún día la tendremos.

Todo parece indicar que la premura de cumplir compromisos con los financistas de las campañas, sea la causa de que este artificio torticero se haya convertido en costumbre, agravado por el sino trágico de los períodos atípicos, que no dan espera para gestionar recursos blandos que no comprometan los ingresos a largo plazo. Es más fácil tramitar un préstamo con la banca privada, con altos intereses y pagando primas de éxito, que recurrir a las entidades financieras del Estado. Las primeras no les hacen seguimiento a la inversión y por lo tanto, estos dineros se gastan a manos llenas. Las entidades del Estado tienen ciertos trámites que se deben cumplir, como los diseños fase III entre otros y estas a su vez ejercen control sobre la inversión de los dineros. Para que esto se cumpla debe existir, en la Secretaría de Planeación, un banco de proyectos ejecutados de acuerdo con las exigencias de dichas entidades.

Este malévolo subterfugio ha traído como consecuencia efectos devastadores para las empresas cartageneras que tradicionalmente se han dedicado a la contratación de estudios y diseños así como de la construcción de obras. Al no existir la Ingeniería de consulta, las obras no se contratan con base en diseños con ingeniería de detalle, sino con diseños a mano alzada o conceptuales, que traen como consecuencia obras inconclusas por falta de recursos o mal ejecutadas por causa de un deficiente diseño y en la mayoría de los casos, por la ausencia de interventoría.

Otra situación adversa como resultado de esto es la contratación amañada. Son procesos licitatorios con uno o dos proponentes, que son los únicos que cumplen las condiciones de unos pliegos manipulados al antojo de quien los elabora y que, por supuesto, pertenece al grupo poderoso que maneja todo tras bambalinas.

Todo lo anterior lo podemos resumir en esa palabra que tanto se ha manejado y trajinado en los últimos años: corrupción.

“Otra situación adversa como resultado de esto es la contratación amañada. Son procesos licitatorios con uno o dos proponentes, que son los únicos (...)”
 

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