Columna


Lecturas de la pandemia

HAROLDO CALVO STEVENSON

HAROLDO CALVO STEVENSON

08 de mayo de 2020 12:00 AM

En estos tiempos contestatarios, de ideas doctrinarias difundidas como verdades en piedra por el irreflexivo uso de las redes sociales, conviene de vez en cuando detenernos para apreciar lo que tenemos como sociedad.

En medio de las dificultades para construir un país progresista y justo, hemos logrado preservar aunque lo ignoremos – como el avaro de Moliere que no sabía que hablaba en prosa – una democracia liberal. La libertad de expresión y la tolerancia son pilares de nuestro sistema político.

Vienen a cuento estas reflexiones a raíz la lectura de dos libros que me han recordado que los valores que sustentan nuestra vida colectiva son frágiles, pues podemos perderlos con menos dificultad de lo que pensamos.

“El cuento de la criada” (1985), de Margaret Atwood, es una novela distópica en la que un grupo de extremistas de derecha crean en Estados Unidos un horrendo régimen represivo dedicado a borrar las libertades individuales. No hay libros, teléfonos, prensa o televisión. Las mujeres carecen de derechos y aquellas en edad de procrear se asignan como reproductoras a los líderes del movimiento. Una de estas criadas, la narradora, logra al final escapar de este infierno y se pierde en la clandestinidad.

“El hombre que amaba los perros” (2009), de Leonardo Padura, es la crónica del total desencanto – del autor y de sus personajes – con la utopía comunista. La obra es un relato novelado del asesinato de León Trotsky, en México, en 1940, a manos del catalán Ramón Mercader. Cometido el inútil crimen – “por fe”, como dice Padura – Mercader cumple una condena y termina residiendo en una lúgubre Moscú, donde el gobierno soviético lo llena de medallas por su triste hazaña. Lo dice todo el hecho de que la condecoración le sirve al desilusionado Mercader para saltarse las colas típicas de los regímenes comunistas para abastecerse de víveres. Y lo dice todo también que Iván Cárdenas, el narrador cuya carrera de escritor ha sido aplastada por la censura, perece, viudo y pobre, aplastado por el cielo raso de su modesta vivienda.

Lecturas como estas suscitan muchas reflexiones. Una es que los regímenes de extrema derecha e izquierda se encuentran del otro lado del espectro ideológico; en el fondo son iguales: para sostenerse dependen de la represión y la mentira. Y otra es que cuando los prejuicios nos enyesan la mente – el llamado razonamiento motivado, cuando solo aceptamos y divulgamos ideas que, aunque sean mentiras, calzan cómodamente con nuestras creencias – estamos contribuyendo a minar las bases del sistema político que nos permite, sin castigo, hasta opinar tonterías.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB o a sus directivas.

*Profesor Asociado, UTB.

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