Columna


Leer a las mujeres

PABLO ABITBOL

09 de abril de 2021 12:00 AM

El año pasado mis estudiantes y yo decidimos hacer un experimento arriesgado: leer únicamente textos escritos por mujeres en el curso de Teorías de la Democracia y el Desarrollo.

Digo experimento porque lo pensamos con la intención de descubrir ciertas cosas, no solo en el canon convencional de la ciencia política, sino también en nosotras mismas y en la sociedad que habitamos. Y digo arriesgado porque implicaba enfrentarnos a una tradición que asume acríticamente que el conocimiento científico y la literatura académica son “neutrales” y que no hay lugar ahí para el sexismo (o el racismo, el clasismo, el etnocentrismo y el especismo).

Lo primero que descubrimos es que las mujeres –aun sometidas a la opresión de una cultura patriarcal milenaria– desde siempre, con gran esfuerzo y valentía, han hecho contribuciones académicas fundamentales.

Si dichas contribuciones parecen ser menores que las de los hombres, esto no se debe a que las mujeres sean menos inteligentes, talentosas o capaces que ellos. Se debe, en cambio, a que han sido sistemática y violentamente relegadas a las posiciones, roles y oficios que un mundo diseñado principalmente por ellos ha determinado para ellas. No es sino pensar en las dificultades y los destinos de mujeres como Hipatia de Alejandría, Mary Wollstonecraft o Rosalind Franklin.

A mí personalmente me encanta la bella y poderosa ironía en la historia de Elinor Ostrom –sobre cómo, por ser mujer, fue rechazada cuando quería estudiar economía– narrada por ella misma en su discurso de aceptación del Premio Nobel de Economía.

También descubrimos que las contribuciones de las mujeres parecen ser menores que las de los hombres porque ellas, además, han sido tradicionalmente invisibilizadas en los currículos, las bibliografías y demás dispositivos de construcción del canon académico. Por cierto, el mundo académico no es ajeno a la discriminación, el acoso, la violencia de género y la imposición de injustas limitaciones al desarrollo profesional de las mujeres.

Lo mejor del curso fue que las estudiantes se tomaron la palabra y condujeron de manera entusiasta, magistral y “sentipensante” las deliberaciones en torno a las maravillosas mujeres que leímos: Chimamanda Adichie, Simone de Beauvoir, Margaret Mead, Hannah Arendt, Martha Nussbaum, Angela Davis.

Leyendo a las mujeres no solo descubrimos sus trascendentales contribuciones sobre la democracia y el desarrollo, sino que además sin ellas actuando libres de toda violencia no es posible ni lo uno ni lo otro.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Profesor de Ciencia Política y Relaciones

Internacionales, UTB.

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