Libertad de expresión

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Hace unos días la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) publicó y presentó, ante la Comisión de Asuntos Jurídicos de la Organización de Estados Americanos, su informe Anual 2015 sobre el estado de la libertad de prensa en la región. El documento es repetitivo de las continuas falencias y ataques en el hemisferio durante el año anterior.

Se debe reconocer el excelente trabajo de recopilar atentados contra la prensa y destacar la noble posición de este organismo en su defensa de los medios y de los periodistas, frente al torrente de amenazas y acciones directas.

Las faltas son conocidas y se repiten año tras año. Además de censurar el asesinato de 27 periodistas, la CIDH aboga por la protección física de los actores, y por facilitar el libre ejercicio de la profesión. Además, recomienda derogar las leyes que penalizan el desacato y criminalizan la difamación; y exhorta a las autoridades estatales a abstenerse de hacer declaraciones que puedan estigmatizar a periodistas y medios.

Especial atención pone la CIDH en Ecuador y de Venezuela. En el segundo denuncia que las detenciones arbitrarias aumentaron y los abusos, que se escudan en la Ley Orgánica de Comunicaciones, son más frecuentes.

En Venezuela, la Comisión denuncia a altos funcionarios que atacan a periodistas críticos al gobierno y acallan a la prensa que investiga y denuncia la corrupción. Los diarios del país están en jaque por la falta de papel prensa, indispensable para circular medios impresos.

Desde agosto de 2015, tres decanos de la prensa del interior cerraron, además de El Carabobeño de Valencia, que este marzo publicó su última edición. Desde el 2013, la cantidad de diarios bajó de 115 a 94 hoy.

En Venezuela el estado impone un control de cambios que obliga a los medios a gestionar el acceso a los cupos de divisas. Es injusto porque el cierre de los diarios afecta a los trabajadores de la prensa y más de 6.000 verán desaparecer sus trabajos. Pero aún más importante es que la opinión pública queda desinformada con la visión distorsionada de la prensa oficialista.

¿Y cómo revertir esta situación reiterativa? Los gobiernos de turno ignoran las críticas internas y externas, y mantienen un abusivo control sobre la prensa. En aras de, supuestamente, defender las libertades y la estabilidad económica y social, coartan la libertad de expresión.

Estamos ante un enigma donde las denuncias, bien documentadas, y las investigaciones sobre estos abusos no sirven de nada. Continúan las reuniones, informes y misiones, pero no hay soluciones que eliminen esta enfermedad, muy fuerte pues restringe la posibilidad de formarse una opinión ilustrada, y deja al público al arbitrio de la intolerancia de sus gobernantes.
 

@julioemunoz

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