Columna


Libertad e innovación

LUIS CARLOS ARRAUT CAMARGO

25 de noviembre de 2022 12:00 AM

Las barreras que enfrentan las organizaciones en nuestro país para la innovación son heterogéneas y varían según la actividad económica. Sin ser una idea generalizable, es claro que la falta de conocimiento en el tema va ligada a la poca cultura de la innovación empresarial.

En un escenario ideal, las fuentes de innovación aparecerían luego de presionar un botón. Infortunadamente, la realidad es mucho más compleja que eso, aunque la evidencia muestra que vale la pena el esfuerzo.

La cultura de la innovación se vincula con patrones de comportamiento compartidos que se convierten en las normas por las que vivimos y trabajamos. Tal como señala Edgar Schein, profesor de la Sloan School of Management del MIT, esta cultura se construye con el tiempo mediante un proceso de ensayo, negociación y práctica. Eventualmente, se convierte en parte del tejido de la organización y se ve reforzado por sus políticas y procedimientos. Al final, su utilidad es evidente.

En una cultura de innovación se esperaría la presencia de procesos en los que las ideas resulten en la generación de valor. Contar con un sistema de recompensa y reconocimiento, indicadores, y la asignación eficiente de recursos, también abren el camino a la innovación. Se requiere, además, que el capital humano involucrado en este proceso refleje su creencia compartida sobre la innovación.

Toyota, por ejemplo, es un caso de éxito de largo plazo en el que una sólida cultura de innovación de procesos que involucra a cada miembro de su fuerza laboral le ha otorgado una amplia ventaja en el mercado. Otras empresas, como Pixar o 3M, no tienen éxito por accidente o solo porque tengan suerte. En su caso, entregar un flujo constante de películas ganadoras de premios es el resultado de comportamientos que capturan y canalizan la creatividad de sus empleados.

Y, aunque otros casos como los de Google, Kickbox de Adobe o Amazon también son exitosos, copiarlos no es el objetivo. Tampoco se trata de programar a las personas o creer que son robots. Una de las fortalezas de la cultura de la innovación es la capacidad para pensar de diferentes maneras.

¿Cómo se construye, entonces, una cultura de innovación? En principio, ofreciendo confianza, espacio y tiempo a las personas para pensar y actuar; brindar dirección, apoyo, y luego libertad; experimentar, equivocarse y de ello aprender.

La innovación no es “entrar en la moda”. Una cultura de innovación exitosa parte de la libertad para probar ideas y propuestas. Con ello se abren nuevos caminos que son clave para el éxito empresarial.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Director del Laboratorio de Innovación, UTB.

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