Columna


Llegó la hora

GIL ALBERTO FALCÓN PRASCA

13 de mayo de 2022 12:00 AM

El paro armado paramilitar de las autodenominadas AGC, o Clan del Golfo, evidencia la estrategia electoral del gobierno de Iván Duque y el CD, permitir que los hechos de violencia ocurran, al final, lo que se busca es “regalar miedo, para vender seguridad”, de su candidato presidencial, Fico.

Hacer fracasar parcialmente al Estado, con su fuerza pública, para que en varias regiones reine un orden criminal paralelo, ha sido el objetivo de una clase política regional sintonizada con los gobiernos uribistas de los últimos años, para perpetuarse en el poder político y económico.

Los ataques del gobierno Duque en vez de debilitar al candidato progresista, lo fortalecen, no valen campañas de miedo ni trampas, mentiras, hechos que registran hasta las encuestas contratadas y manipuladas por el establecimiento oficial y los medios de comunicación comprados y a su servicio.

No es casual, entonces, que acusen a Petro de ser una real amenaza para la democracia, un enemigo de la nación, un peligro para las instituciones y demás apelativos descalificadores y ofensivos, esas denominaciones se constituyen en un abierto llamado y en una orden de atentar contra Petro.

Entre menos institucionalidad exista, mejor para poder seguir imponiendo el modelo de apropiarse de las tierras, para sembrar caña de azúcar, palma africana y la ganadería extensiva, grandes enemigos de la biodiversidad y de los proyectos de seguridad alimentaria con nuestros campesinos.

El contexto de polarización política actual en estas elecciones y la historia de violencia política en Colombia, las crecientes promociones de discurso de odio, nos llama a fortalecer la democracia, la convivencia y la no estigmatización como camino para la construcción de la reconciliación nacional.

No podemos normalizar y seguir tolerando con un silencio cómplice la violencia política en medio del proceso electoral, las autoridades del Estado, las organizaciones políticas y la sociedad civil deben condenar, combatir, denunciar, hechos de intimidación, coacción o corrupción electoral.

Esta realidad lacerante obliga a que los sectores democráticos tensionen sus fuerzas, impulsar campañas de solidaridad a nivel internacional y asumir las más exigentes medidas de seguridad y de cuidado, es un deber velar por su vida y evitar que la oligarquía nos lleve a un nuevo baño de sangre.

No obstante, no podemos caer en la provocación o en el terror como guerra sucia, llegó la hora que las fuerzas de la vida pueden derrotar política y electoralmente a las fuerzas de la muerte en primera vuelta, apostando por un cambio con Petro, con el voto a conciencia el 29 de mayo de 2022.

*CUT Bolívar.

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