Lo dejo a la justicia

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Desarmar espíritu y palabra es esencial para alcanzar una paz social protegida por una institucionalidad sólida, con un gobierno respetuoso de la Constitución, la separación de poderes y la implementación del Acuerdo de Paz. No más el sí y el no, sino el nosotros; que gobierno y oposición trabajen transformando las condiciones de exclusión y miseria, derrotando la violencia para hacer realidad la paz entre nosotros y con la naturaleza.

Ante la voz exacerbada y la pendenciera actitud, urge el cese del choque de poderes y superar el odio de líderes que al tratar al otro como enemigo fomentan la violencia en la sociedad. Esencial recuperar el diálogo aprendido, ser demócratas que reconocen el valor de la diferencia, y con la palabra eficaz construyen confianza. Escucharnos, razonar y pensar en el bien común, en las metas superiores al yo, al interés de grupo o partido.

Evitar la agudización del conflicto exige sensatez, pactar aclaraciones legales que acerquen. Todavía no es tarde, pero la polarización no ayuda.

El caso ‘Santrich’ y las amenazas a la sobrevivencia de las Cortes, la JEP y el Acuerdo, es un mal ejemplo. Si es o no es culpable hay que dejarlo a la Justicia colombiana.

Ante tanto rencor y gritos, y a su soberbia al llegar al Congreso, rescato la constancia del senador Iván Cepeda en la plenaria: “Santrich como lo ha hecho desde hace un año va a comparecer ante la justicia. No ha hecho otra cosa. Ha estado hace más de un año en la cárcel. Se ha sometido a la JEP y ayer asistió a la Corte Suprema para decir que cumplirá con la Justicia. Ese es el camino, someterse a la Justicia y a las instituciones que con sus defectos o problemas, son las que existen y todos debemos obedecer con sus principios del debido proceso, el derecho a la defensa y también a la presunción de inocencia. Esa ley es universal para todos. Para el presidente de la República, quien debe ser el primero en demostrar que acata la Constitución y la ley.

(...) Y si la CSJ o la JEP toman decisiones habrá que acatarlas y respetarlas. Llamo al respeto de esas instituciones, si es que hay un espíritu de demócratas en quienes han hecho uso de la palabra”.

Les recordó que el narcotráfico permeó todas las instancias y que muchos por sus nexos con los clanes, no tienen autoridad moral de hablar del narcotráfico.

Y dijo: “Hago un llamado vehemente contra la arrogancia en este proceso de paz y un llamado general, al presidente de la República, que deje de lado la arrogancia. Hago un llamado a ‘Santrich’ para que no use la arrogancia, al Centro Democrático para que no hable con arrogancia, a todos los colombianos. Si queremos conquistar la paz debemos hacer uso de la grandeza y de la humildad”.

*Abogado ambientalista y comunicador.

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