Columna


Lo que dicen los demás

ENRIQUE DEL RÍO GONZÁLEZ

25 de enero de 2022 12:00 AM

Hace unos días noté consternado a un amigo y colega por quien siento especial gratitud, aprecio y admiración. Los motivos de su molestia eran justos y razonables, de hecho, agobian a la mayoría de la gente que, como él, gozan de éxito personal y profesional. Se trata de la embestida mordaz de los envidiosos y criticones que, con la intención oscura de lacerar su nombre esparcieron intrigas acerca de su desempeño laboral. Esa lamentable situación me invitó a pensar sobre cómo debemos reaccionar ante los ataques que diariamente se reciben. O si nos debe importar y, hasta qué punto, lo que los demás piensan de nosotros.

En este mundo interconectado se volvió muy común y usual lacerar la integridad moral ajena, solo es necesario encender un rumor, así sea inverosímil y colgarlo en las redes sociales bajo el amparo cobarde del anonimato, en pocos segundos habrá pasado por el conocimiento de millares de individuos. Algunos acuciosos no lo creerán, otros despistados lo darán por cierto y los morbosos mantendrán la duda pudiéndola despejar con un pestañeo. Lo cierto es que la difamación se volvió pan de cada día y transita en dirección inequívoca a la normalización.

A propósito del tema, recordé la entrevista realizada por televisión en el año 1976 al escritor español Camilo José Cela, premio Nobel de literatura en 1989, en la que le preguntaron: ¿Qué te gustaría que la gente piense de ti? Y este respondió: “Ah, no que piensen lo que quieran... Si de mí se dijo en letra de molde de todo, de todo. Desde que era un genio hasta que era un deficiente mental. Bueno pues, probablemente los dos, pero por lo menos uno se equivoca... a eso no puedes hacer caso. Si te empiezas a preocupar de lo que dicen los demás estas perdido...”.

Y, efectivamente, si queremos tener algo de tranquilidad mental, poco o nada debe importarnos lo que los demás piensen y hablen. Si hacemos depender la felicidad de esos factores que están fuera de nuestro control, seremos eternamente desdichados. Ante las agresiones recibidas, debemos usar una coraza espiritual que impida afectarnos, sin perjuicio de acudir a las vías legales en casos de extrema maldad. Sin duda, esta recomendación es más fácil decirla que aplicarla, implica adquirir un alto grado de madurez y sensatez en el que, fruto de nuestra conciencia y lejos del ego, solo nos importe lo que pensamos de nosotros mismos.

Por eso le digo a mi caro amigo y a todos los que puedan leer estas líneas, que armen un mundo paralelo en donde reine la paz y el amor. Que sea un oasis impenetrable por el odio y las ofensas. Y, para la esfera real tener presente a Schopenhauer cuando escribió: “Para todos ellos, un hombre vale sólo por lo que demuestra a través de sus actos u omisiones, no por lo que alguien tenga la ocurrencia de endilgarle”.

Posdata: Ayer falleció Gustavo Buendía Elles. Dios lo tenga en su santo reino. Para su familia y amigos todas mis condolencias.

*Abogado.

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