Columna


Lo verdaderamente vigente...

LIDIA CORCIONE CRESCINI

20 de julio de 2021 12:00 AM

Son los valores, a pesar de cualquier circunstancia, de la crisis, de los tormentos y los abruptos del camino ante una estremecida. Nos tuvimos que acomodar y adaptar a una nueva condición de vida y, muchos nos preguntábamos si con esta crisis llegaría por fin el cambio en los seres humanos y la mirada se centraría más en el interior de cada uno, existía quizás la esperanza de la permutación de voluntad de los políticos, de la gobernanza, en procura de una sociedad equilibrada, con mayores oportunidades, porque el COVID-19, no miró sexo, posición, ni tuvo excepción con ninguno y se produjo un pánico colectivo, sin embargo, a pesar del llamado de atención, lo que se desató fue un maremágnum de confusiones, descensos que en vez de alertarnos para encontrar una transformación espiritual, nos dejaron con el corazón lánguido y vagabundo. Antes de este virus, debemos preguntarnos qué estaba pasando con nosotros en una sociedad de consumo que se convirtió en guerra de poderes y ostentación, sectorizado por cuadrillas, parches o círculos de grupos contrarios a la ley y también legales, las mismas roscas, los mismos engaños, el mismo manejo, los contentillos del subsidio y una pobreza extrema más deteriorada que nunca. Todas estas cabezas (Capo en italiano), nos llevan de un lado a otro haciéndonos creer y poniéndonos en modo espera que algún día las cosas cambiarán. Y sintiendo el desdén y viviendo en la zozobra, releo a Ernesto Sábato en su ensayo La resistencia, donde ahonda su análisis de nuestra realidad y aboga por un nuevo humanismo, con «la convicción de que —únicamente— los valores del espíritu nos pueden salvar de este terremoto que amenaza la condición humana». “Es la crisis de toda una concepción del mundo y de la vida. La sociedad virtual en la que vivimos nos aleja del corazón de las cosas, nos hunde en una indiferencia metafísica que nos hace olvidar el latido de la vida”. Dejamos atrás muchos valores que debemos recuperar, o crear unos nuevos, puesto que ante este alejamiento físico de los seres humanos debemos recuperar los afectos, esa belleza del diálogo, mientras la imaginación juega un papel importante para manifestarse a través de las artes como un camino que nos lleve hacia alguna parte segura. Ser humano es cualquiera, ser persona es algo diferente que va acompañado de cosas buenas en principios que edifican en una sociedad que necesita con premura atención, una sociedad que derriba estructuras físicas en busca de su solidez personal, sin embargo, se debate y se consume en un sofisma y dualidad donde sus vacíos por falta de valores le arrojan contra su humanidad peñones y lo van sepultando sin entender para qué o por qué es la lucha y peor aún, contra quién se enfrenta.

*Escritora.

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