Columna


Los Grinches de Cartagena

JESÚS OLIVERO

18 de diciembre de 2015 12:00 AM

El espíritu de la navidad cobija muchas buenas acciones para los humanos, siendo el compartir con los demás una de las principales. Esta época tan especial también tiene sus detractores, entre ellos los Grinches, personajes ficticios con una filosofía contraria a la navidad. Son groseros y avaros, y compartir no es una palabra de su diccionario.

En la ciudad, para esta época, muchas empresas donan y dan regalos a niños de escasos recursos, quienes devuelven una sonrisa sincera, inigualable y sin precio. Otras grandes corporaciones generan acciones que podrían estar en la lista de actitudes de los Grinches. Desde hace algunos años, con la venia e intermediación del Distrito, varias marcas, algunas multinacionales, ponen arreglos navideños en diversos sitios de Cartagena. Pero tal regalo para la comunidad es en realidad una plataforma burda de propaganda que desdibuja el sentido de la navidad y da una sensación de ciudad sin dolientes y cicatera.

Entre esta no corta lista de patrocinadores, dos llaman la atención: Argos y Bavaria. La primera tiene sobre la Santander una veintena de avisos, dos de los más grandes sobre predios de las murallas, lo que pensaba estaba prohibido, pero al parecer en la Cartagena macondiana todo es posible. La segunda instaló un árbol cuya estrella gigante es el símbolo de la empresa, con múltiples vallas rodeando el símbolo de la navidad. 

Si alguien estableciera el costo de promocionar un aviso de un metro cuadrado, por ambos lados, durante al menos cuarenta días de temporada súper alta en un sitio patrimonio de la humanidad y considerado el mayor emporio turístico del país, encontraría que el valor sería mucho mayor al de los foquitos y adornitos en teoría donados para embellecer la ciudad. 

Juntas, estas empresas pueden facturar al mes millones de dólares sólo en la heroica, y siempre los camiones gigantes de ambas deambulan por la ciudad mostrando el nombre de las compañías, ojalá pagando algún impuesto por publicidad. Tal vez usted, lector, no lo notó, pero intente contar las veces al día que ve las máquinas de Argos y quizá pierda la cuenta.

Es lamentable que la responsabilidad social, que es la obligación de regresar algo minúsculo de lo colectado desde la comunidad, no la entiendan estas empresas. Manejar a la ciudad con los intereses de los que todo lo tienen solo incrementa la brecha social y económica, pesadas cadenas que debemos arrastrar por siempre como nuestros antepasados, los esclavos.

*Profesor
JESÚS OLIVERO*
@joliverov