Columna


Los papelitos de Moncho

MIGUEL YANCES PEÑA

MIGUEL YANCES PEÑA

03 de agosto de 2020 12:00 AM

El escritor argentino Hernán Casciari explica con un cuento infantil el complejo sistema financiero actual. El cuento trata de cómo se le ocurrió a Pepe, el protagonista, obtener dinero para desarrollar un proyecto material (la construcción de un bar en un pueblo donde no había ninguno) vendiendo papelitos con la promesa de devolverlos, con un 20% de utilidad, cuando terminara.

En vista del éxito que tuvo en conseguir los recursos, muchos lo imitaron vendiendo papelitos por cuanta idea se les ocurriera: hasta Moncho, que prometía llegar a la luna; y el alcalde, que prometió reparar la plaza pública que habían destruido los que negociaban papelitos. Los primeros representan los ‘bonos’ que emiten las empresas para conseguir recursos sin ceder parte de la propiedad; y los segundos, los ‘bonos de deuda pública’ con que se financia el Estado.

A los que no se les ocurría ningún proyecto, se dedicaron a comprar, vender e intercambiar papelitos según los quereres y sentires de sus tenedores. Fue tanta la actividad bursátil, que el alcalde les abrió un local donde pudieran proceder sin seguir destruyendo la plaza del pueblo, que llamamos “bolsa de valores”. Ernesto, quien había adquirido papelitos de muchos proyectos, incluidos los de Moncho, se le ocurrió vender paquetes de papelitos entre los que mezclaba los de este, que a todas luces nunca lograría llegar a la luna: en el mundo real son los “portafolios” que ofrecen los ‘fondos de inversión’. Quike, detectando el mico, comenzó a alertar a la gente, y se ofreció como asesor para evitar que sus clientes fueran engañados: los llamamos ‘corredores de bolsa’.

Como con el tiempo era claro que había proyectos de dudosa concreción, y los tenedores de esos papelitos entraron en pánico, nuevamente a Quike se le ocurrió vender tranquilidad, y todos comenzaron a comprar ‘papelitos de tranquilidad de Quike’, quien asumía la obligación de pagar ante el fracaso de cualquier proyecto, a cambio de un pago periódico. En el mundo real se llaman ‘seguros de impago de deuda’.

Al secretario de la alcaldía, para distraer la atención sobre los papelitos que había emitido, se le ocurrió calificarlos según las posibilidades de éxito de sus emisores, colocándole la mínima a los papelitos de Moncho, y la máxima a los del alcalde, quien para ese tiempo se había volado con todos los caballos del pueblo, pues los había recibido como pago de sus papelitos. Se llaman, en el mundo real, las ‘calificadoras de riesgo’, que a veces se equivocan sin querer y a veces queriendo, como sucedió con los de la alcaldía.

Como es un cuento infantil, con final feliz, Pepe terminó su bar que llamó Bar La Luna, y Moncho que tenía los únicos dos caballos del pueblo, pudo llegar transportando personas a la luna.

*Ing. Electrónico, MBA.

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