Los retos del alcalde

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En contraste a lo dicho por el alcalde Duque, fueron diferentes los retos para 2017 de José Raquel Moncada, burgomaestre imaginario de la Cartagena macondiana, palidecida y cansada, pero inexplicablemente sonriente.

Algunos textos rescatados de aquellos oficios, llenos de hongos, flotando en pedacitos en la bodega inundada por el mayor nivel del mar, pudieron leerse como sigue: construir en Olaya y Tierrabomba los primeros 50 edificios de 60 apartamentos cada uno, resistentes a las inundaciones tipo la Niña, es decir, adaptados al cambio climático y con programas de sostenibilidad ambiental. Sanear el hospital universitario y habilitar los pisos superiores para que en vez de guaridas para ratas y murciélagos, sirvan para atender enfermos, con servicios dignos y eficaces.  

Aumentar 100% los jóvenes pilos y mejorar la calidad de los docentes de secundaria para que los estudiantes incrementen sus posibilidades de ir a la universidad, factor comprobado científicamente como determinante para salir de la pobreza.

Erradicar los basureros satélites y modificar los contratos de limpieza de caños para que los residuos removidos no sean dispuestos en sus riberas, sino en un relleno sanitario especial. Reducir al menos un grado centígrado la temperatura promedio de la ciudad creando parques y rutas verdes, sin palmas, con plantas frondosas, sembrando y apadrinando con la comunidad 500.000 árboles o más. El parque La Popa, libre de tugurios espanta turistas, con teleférico y jardines colgantes, por fin será realidad.

Mantener las acciones embolatadas del Distrito en la Sociedad Portuaria y aumentar su participación como contraprestación a la contaminación de los buques y camiones que entran y salen del puerto. Verdadero reto. Nunca le pasó por la cabeza a Moncada vender activos que generaran ingresos. En esta ciudad turística, portuaria e industrial, hay recursos pero se pierden por realismo mágico. Bien manejados, nos convertirían en un emporio académico y de prosperidad general, pero encima de eso, seríamos un ejemplo urbano sin brechas sociales astronómicas.   

Entre tanto papel, por ninguna parte Moncada habló de obras para la zona turística, aunque sobrevivió uno instaurando el impuesto ‘Heroica en crisis’ al turismo, la publicidad en áreas públicas y el alcohol; y otro en donde abriría investigación a las curadurías por permitir construir en zonas inundables y sin la ingeniería para soportar el embate del mar. Según el alcalde, esa gente no sabe ni pío sobre cambio climático, menos como erigir una ciudad.

*Profesor

@joliverov

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