Macroproyecto Pozonolaya

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Es desafortunado que en las visitas del Gobierno central a la ciudad siempre aparezca la palabra mágica “macroproyecto”, en especial cuando arriban los de la ANI.

Estos señores viven en el mundo Marlboro, no leen noticias. Los principales medios siguen contando lo mismo, Cartagena está carcomida por la pobreza, y estos desalmados vienen a hablar de nuevos aeropuertos y canales de acceso que no resuelven nada de lo realmente trascendental, reducir la miseria.

Lo pavoroso no es que los burócratas vengan con su falso modelo de bienestar a incrustarlo como tumor en nuestra sien, siempre lo han hecho, sino la respuesta de nuestros dirigentes, “de acuerdo”. A todo le decimos sí, pero olvidamos a la gente, esa que solemos decir está primero.

Por tradición estas obras las proponen los mismos para beneficiar, de un modo u otro, a los mismos. La ciudad no puede más con su pobreza, la cual arrastra delincuencia y mil desgracias más, generando un sentido de pesimismo generalizado. ¿Por qué nadie nos viene a hablar del Macroproyecto ‘Pozonolaya’, o de otros que directamente influirán en la calidad de vida de los cartageneros?

Alcalde, Concejo y otras fuerzas gubernamentales deben buscar medios para ejecutar macroproyectos para le gente, si no la situación no cambiará nunca. Pozonolaya consiste en transformar al Pozón y a Olaya, iniciando por construir clusters multifamiliares de vivienda ecoamigable, dos metros por encima del nivel del mar, para blindarlos de las inundaciones, con jardines productivos por apartamento; así mismo, convertir los caños en unidades verdes de recreación e integrarlos al corredor ambiental Matute-La Virgen-La Popa, en un parque ambiental único en Latinoamérica. Esta renovación urbana requerirá otorgar microcréditos para crear mipymes y generar oportunidades con los servicios ambientales de la ciénaga, garantizando verdaderos programas de desarrollo humano en salud y educación, entre otras necesidades urgentes.  

Es cierto, cuesta dinero, pero para eso son los macroproyectos, y para empezar a eliminar la pobreza necesitamos estas iniciativas aunque culminen en tres alcaldías.

El dinero existe, hay que gestionarlo, para eso son los mandatarios. No obstante, con lo que la ciudad entrega a terceros por nada, estaríamos haciendo muchísimas cosas. Nadie explica cómo una bebida alcohólica, una tarjeta de crédito y un operador de celular tienen inundada a la ciudad con avisos en la señalización de direcciones. A alguien deben estar pagándole.

¿A dónde llegan esos recursos? La cabalgante construcción, además de muertos, no deja nada, y mientras el concreto ahorra más de diez millones de dólares anuales en impuestos, y las constructoras inflan sus activos, por mencionar unos casitos, la pobreza crece incontrolable. ¡Seamos serios, arranquemos Pozonoalaya ya y dejemos de regalar la ciudad!

*Profesorjesusolivero@yahoo.com

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