Columna


Magia, olas y vacunas

CARMELO DUEÑAS CASTELL

25 de noviembre de 2020 12:00 AM

Tras casi un año, sabemos que más del 80% de los pacientes infectados por SARS-CoV-2 son asintomáticos o desarrollan una enfermedad muy leve, indistinguible de la gripa. Así, de cada 100 pacientes infectados fallecen 2 o 3. Pero, se trata de una enfermedad muy contagiosa que cuando afecta a personas mayores de 70 años y/o con enfermedades crónicas, tiene una altísima mortalidad. Las medidas draconianas iniciales arruinaron al mundo entero. Sin embargo, la mascarilla, el lavado de manos y el distanciamiento social fueron eficaces en reducir el contagio y el número de muertes diarias. La pandemia nos demostró, también, lo frágil que somos como individuos y como sociedad. Se entiende la desesperación de los médicos por hacer algo ante un paciente y la ansiedad de cruzarse de brazos ante una nueva enfermedad. Parecía lógico dar antivirales contra un virus o dar antiinflamatorios para controlar la respuesta inflamatoria del paciente. Con esas ideas se emplearon más de 10 medicamentos que la evidencia científica demostró que no sirvieron para nada y, peor aún, causaron daño en algunos pacientes. Por eso resulta comprensible el pensamiento mágico de pacientes y familiares al usar y abusar de cualquier tratamiento, prescrito o automedicado, por muy absurdo que parezca, en vez de aceptar que millones de personas se han recuperado con acetaminofén y cuidados generales, sin ser sometidos a las terapias exóticas, rebuscadas o costosas surgidas de las olas y tsunamis en que se han convertido las redes sociales. Las vacunas, dado que se aplican muchas veces a personas sanas, deberían ser, y hasta ahora han sido, los productos de salud más seguros del mundo. Para comercializar una vacuna debe ser, no solo eficaz, sino especialmente segura.

Las vacunas de Polio fueron donadas por sus descubridores tras años de esfuerzo y sacrificio. La ciencia redujo a meses la creación de las vacunas. Sin embargo, durante el proceso se han roto códigos científicos y éticos mostrando resultados incompletos en vez de esperar el escrutinio científico de pares. La presión global, la voracidad empresarial y la ambiciosa subida de acciones de tales empresas auguran un suculento botín arriesgando salud y vida y en desmedro del prestigio histórico de las vacunas, las instituciones y la ciencia. La situación es tan compleja que la FDA transmitirá en directo la reunión del comité para la aprobación de la vacuna de Pfizer.

En Europa regresaron las medidas restrictivas y el confinamiento ante nuevos brotes. La nueva ola ya está entre nosotros. Y la actitud refleja un pensamiento mágico: no cumplimos las medidas que han demostrado evitar el contagio y al infectarnos buscamos desesperados peligrosas curas milagrosas. Ya lo decía Smith: “la ciencia es el antídoto contra el veneno de la superstición”.

*Profesor Universidad de Cartagena.

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