¿Mala educación?

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Buenos días, buenas tardes o buenas noches apreciado lector. Me queda difícil saber a qué hora del día lee usted esta columna, pero lo primero que quería hacer era eso, saludarlo con “educación”.

Me llama la atención que de las cuatro definiciones que la RAE le da a esa palabra, la segunda enfatice en la “crianza, enseñanza y doctrina que se da a los niños y a los jóvenes”. Es decir, si la educación se inyecta adecuadamente desde la primera infancia (en la familia y escuela), casi que no tendríamos que preocuparnos cuando los muchachos crezcan.

Pero algo está fallando, sobre todo en esa educación “que empieza por casa”. Un niño que no le dice buenos días al vecino del barrio, probablemente no levantará la cabeza para saludar a sus compañeros en el trabajo. El muchacho que ve a su padre gritar a la madre, difícilmente tratará con ternura a su futura esposa. El niño que llega a casa con un lápiz ajeno en el bolso y ni siquiera se le cuestiona, creerá que otro día puede tomar las cosas de otro sin pedirlas prestadas.

Recientemente ocurrieron dos hechos bochornosos que reflejan lo mucho que nos falta de esa educación. El primero sucedió en el Barrio España de esta ciudad, cuando dos jóvenes estudiantes al estilo de Game of Thrones, se fueron hasta la mitad de la calle (cerca de la universidad) y armados con cuchillo, se tiraban y esquivaban puñaladas mientras eran alentados por otros estudiantes que coreaban “ahí fue, ahí fue”. Luego se armó la de Troya, volaron botellas y piedras porque más muchachos se sumaron a la reyerta. Ahí estaban los estudiantes del futuro, los que en el pasado no recibieron la dosis necesaria de ética y valores, y los que están confundidos en el presente. Hay tiempo para corregir.

El otro penoso hecho que fue noticia ocurrió dentro de una universidad, donde alguien al parecer le robó la cartera a la esposa del embajador de Corea del Sur, mientras se llevaba a cabo una agenda académica en esa institución sobre la cultura y economía de ese país. Y así, una sola persona pone en aprietos a toda una universidad, una de esas personas que seguramente cuando pequeña, llegaba del colegio con lápices nuevos a la casa.

Que la intolerancia haya sobrepasado al sicariato como la principal causa de muertes violentas en Cartagena, refleja que esa educación de hogar, de principios, de amor, de solidaridad, está ausente en la juventud, y que al seguir creciendo, ganen la violencia, la envidia, el robo, el engaño, los antivalores.

En un ambiente de pobreza y sin educación de calidad desde la primera infancia, será difícil lograr el cambio. El estudio de Adolfo Meisel y Jhorland Ayala sobre la pobreza extrema en Cartagena, y el Plan Maestro de Educación construido por cerca de 3.000 personas, son claves para, con voluntad política, empezar a cambiar el rumbo seriamente. Esperemos que así sea mi estimado lector.

Le deseo un feliz resto de día. Un abrazo.

Periodista. Magíster en Comunicación. Twitter: @javieramoz

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