Malandrines

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Estos días está agitado el ambiente en Washington por el impeachment que los demócratas adelantan contra el presidente. Me llamaron de White House, siempre me buscan para asesorarlos en estas situaciones. Fui con un poco de prevención por el temperamento que le conocemos a Trump, y no me equivoqué.

¡Malandrines es lo que son!, gritó apenas abrí la puerta de la oficina oval. Me senté, asustado, en el sofá principal al lado de Mike Pompeo y el senador McConnell. Los demócratas Pelosi, Biden, Hillary, todos son malandrines, seguía vociferando, hasta que le trajeron una Kola Román con una chepacorina (él no bebe alcohol ) y logró calmarse.

Pasado ese momento McConnell, viejo zorro del Congreso, le expresó al presidente que nada ganaría si seguía como si estuviera en campaña y no empezaban a mirar los problemas de la gente con seriedad. Asintió, atemorizado, Pompeo, quien dijo que se debía hacer un plan de acción muy concreto con objetivos medibles en el tiempo, llamar a muchas personas e instituciones que quieren ayudar a sacar el gobierno adelante y que llegó la hora de sumar voluntades e intereses sin claudicar en los valores que ganaron las elecciones.

En un momento que Donald salió a atender una llamada, Melanie manifestó su preocupación y que teníamos que ayudar a su marido. Ella no se atrevía a decirle nada porque temía que le dijera malandrina, que ahora le dice así a casi todo el mundo, periodistas, dirigentes gremiales, jueces, y a todos los que no están de acuerdo con él.

Entro nuevamente al salón y todos me miraron, por mi edad y experiencia esperaban mis consejos.

Presidente -le dije resumiendo- a usted lo eligieron porque los americanos estaban aburridos de Washington y la gente que lo maneja, pero Ud. es el primero que les debe dar a sus ciudadanos ejemplo en todos sus actos, la campaña se terminó y llegó el momento de gobernar por las reales necesidades de la gente, incluidas las políticas anticorrupción y también de moderar el uso del lenguaje. Usted es el presidente de todos los americanos, incluso de los que no lo votaron. No se deje llevar por los aplausos fugaces que después le cobrarán. Lo invito a trabajar con buena energía con todos los que quieran sumarse a ayudar en la solución de tantos problemas. Y así fue. Durante horas y días empezamos a prepararnos con seriedad para lo que se avecina.

Días después me entró una llamada de mi ensoñada Cartagena, habían transcurrido semanas de las elecciones allá. A decir verdad yo tenía la esperanza de que eligieran al más preparado, pero la voz del pueblo hay que respetarla. La llamada era de la oficina del alcalde electo, mientras acercaban el teléfono empecé a escuchar una palabra que se me hacía conocida. Malandrines, malandrines, gritaba una voz al fondo que creo era de...

Preferí colgar, llamé a Mike Pompeo y al senador McConell y les dije, ahora soy yo el que necesita de su ayuda, nos vamos ya para Cartagena a calmar y ayudar a... Bill Dau.

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