Maluco el bejuco

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Aun cuando el voto es secreto, confieso públicamente que en las elecciones pasadas sufragué por William Dau Chamatt creyendo era la mejor opción para ocupar la Alcaldía de Cartagena e incluso convencí a mi familia y a un grupo de vecinos, amigos y colegas indecisos. Hoy, dolorosamente, me arrepiento.

Elegimos a Dau cansados del saqueo inmisericorde de nuestra ciudad, desde tiempos inmemoriales, pero acentuado, impunemente, en los últimos dos períodos, cuando desfilaron por el Palacio de la Aduana un total de once alcaldes efímeros, algunos de ellos sin ningún escrúpulo, logrando que Cartagena, una vez más, fuera coronada ‘Reina absoluta de la corrupción’.

Con bombos, platillos y excentricidades, el alcalde William Dau tomó entre sus manos el timón de la arisca barca distrital, pero ocurrió lo que nadie esperaba: en la misteriosa China, mercado público de Wuhan, surgió una tormenta viral luego bautizada con el diminutivo de Covid-19, sin precedentes en el último siglo, expandiéndose a la velocidad del relámpago, dejando una hilera numerosa de ataúdes en todos los rincones del mundo.

Seguramente, en condiciones normales, William Dau solo hubiese encontrado los escollos propios de los concejales pescando burocracia en administración revuelta, pero no fue así, la pandemia desnudó las debilidades de un alcalde honesto y muy bien intencionado, pero con escasa preparación administrativa en el manejo de lo público al colmo que, mientras la ciudad se desmorona, aportando la más alta cifra del país en contagiados y fallecidos, él sigue con el sonsonete proselitista, gritando a diestra y siniestra “¡soy un tractor!”, cuando necesitamos es un avezado administrador para no convertirnos en el Guayaquil colombiano, dónde por no atender oportunamente a los enfermos, no pudieron sepultar a sus muertos.

Sumada a su inexperiencia, Dau ha sido incapaz de trabajar en equipo, pues no solo es el director de orquesta, interpreta, autoritariamente, todos los instrumentos.

Lo grave es que, en el sexto mes del año, la pandemia, iniciada en febrero, se agiganta cada segundo mientras Dau Chamatt sigue buscando “malandrines” hasta debajo de su almohada.

Seguramente las últimas decisiones del presidente Duque preocupan al señor alcalde, pues ya se le encaramó a su barca nombrando, directamente, al doctor Juan Benedetti como gerente Covid-19, y a la ministra del Interior, Alicia Arango, timonel de nuestro caótico orden público. ¿Qué vendrá después? Maluco el bejuco...

Y una vez más, nosotros, ‘caterva de vencejos’, repletos de pánico, veremos marchitar la democracia condenados a merecer la misma suerte del Titanic.

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