Columna


Manga, el nuevo centro cultural de Cartagena

JESÚS OLIVERO

15 de noviembre de 2019 12:00 AM

Mucho se está tejiendo frente a la construcción del autodenominado corredor portuario de Manga. Un proyecto presentado por particulares, con poca o ninguna discusión en relación con su viabilidad o necesidad de ejecución. Nos hemos acostumbrado a que alguien aparece con un proyecto, consigue el apoyo gubernamental y se hace. Como el vecino desnudo de San Felipe. No existe una quema de neuronas que promueva una discusión con diferentes actores. Pero está el Concejo, dirían algunos. El problema es que, en la práctica, no representa a la población.

Manga tiene un severo problema de contaminación por el puerto, y si le sumamos peajes, además de mayor congestión vehicular, nadie querrá vivir allí y será difícil vender las propiedades. Muchas ciudades del planeta trabajan para reducir emisiones de gases y atacar la inactividad física, como herramientas para mejorar la salud de los habitantes. Barcelona, Oslo y París están restringiendo el uso de automóviles de sus zonas urbanas centrales, promueven las caminatas o las ciclorrutas para el disfrute y bienestar social.

Si cada manzana de Manga propone a una persona para una lluvia de ideas sobre el futuro urbano de la isla, la APP de nuevos peajes quizás ni aparezca en la lista de prioridades. Una sugerencia respetuosa a los habitantes de Manga, y a los tomadores de decisiones, es considerar otras alternativas. Una de las posibilidades es convertir a Manga en el nuevo centro cultural de Cartagena. ¿Qué sucedería si hacemos de Manga un campus académico, cultural y social, albergando universidades, bibliotecas, restaurantes, cafés y por fin, el Museo de Historia Natural de la ciudad? Luego de trasladar el mega puerto contaminante a otro sitio, lejos, podríamos aplicar conceptos de urbanismo ecosistémico, combinando servicios ambientales del manglar con superbloques o supermanzanas, como está siendo implementado en Barcelona. El modelo se basa en restricción del tráfico pesado, aumento de zonas verdes, ciclorrutas, puentes y paseos peatonales, entre otros programas que mejorarían la oferta turística, pero más importante aún, incrementarían la esperanza de vida de los habitantes.

El tiempo de corredores portuarios pasó. El corredor de carga no solo fue un fracaso urbano y ambiental, sino que inyectó contaminantes sobre el aire que respiramos, a cambio de muy poco. Es hora de darnos una oportunidad como ciudad, ponernos a tono con sostenibilidad urbana en donde los beneficios permeen a los habitantes, no se sacrifique la salud, y no tengamos que tributar a peajes para beneficio de unos pocos.

*Profesor.

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