Columna


María Claudia y Transcaribe

JULIANA DE ÁVILA ROMERO

27 de enero de 2022 12:00 AM

Hace algunos años, cuando Transcaribe estaba casi listo para comenzar a rodar en Cartagena, el gerente del momento citó a los periodistas, era una rueda de prensa que aprovecharía para hacer pedagogía del sistema. En la mitad de la presentación dijo “señalética” e hizo una pausa prolongada, el gerente no sabía de lo que iba a hablar, así que en voz baja susurré a qué se refería. No recuerdo a nadie cuestionando la idoneidad de ese gerente; por eso me cuesta entender todo este revuelo alrededor de la gerencia de María Claudia Peñas, una mujer que evidentemente está aplicando una buena técnica de primeros auxilios a Transcaribe.

Peñas se encontró con un panorama aterrador, digno de salir corriendo, un chicharrón que a mi parecer, no le hacía falta asumir, pero que asumió por un amor profundo a la ciudad, porque además no podría haber otra razón para asumir semejante problemón.

Llegó a un sistema que ya había olvidado las mieles de esos primeros días en que la gente lo alababa cuando sentían el fresquito que no era posible en las busetas, cuando se daban cuenta que llegaban más rápido. Encontró a una ciudadanía insatisfecha. Pero peor aún, se encontró con unos operadores llenos de deudas y esperando respuestas después de que el alcalde William Dau los bembeara por más de un año, negándoles la posibilidad hasta de una reunión. Se encontró con un sistema a un pasito de tirar la toalla, y al que muchos cartageneros ya le estábamos “dando la bendición”, pero por arte de magia, aunque claro que sabemos que fue gracias al arte de muchas conversaciones, sumas y restas, el sistema saca la cabeza y toma aire.

Comienzan los desembolsos para cubrir la diferencia entre tarifa técnica y usuario; hay un nuevo aire de organización en las estaciones, incluso los operadores comienzan a buscar nuevos conductores, y se retoman procesos legales pendientes para sacar de las carreteras a las busetas que siguen cubriendo rutas canceladas, y nos deja esa esperanza de que quizá pronto se abran más rutas, lleguen más buses, y Transcaribe salga de ese nefasto “casi 50%” de avance en el que está hace años ya.

He escuchado preguntas sobre su experiencia en movilidad, y busqué juiciosa cuál es, lo que me llevó a leer ese informe espectacular que hicieron hace unos años con la UTB, señalando desde cuánto se demora un bus de Transcaribe en un trayecto, hasta un mapa que indica las rutas sobrepuestas con busetas, rutas de transporte informal e ilegal, entre otros datos valiosos para la ciudadanía, pero sobre todo para el sistema, y ve, ahora que lo pienso, conocimiento valioso para quien lo gerencie.

Transcaribe no es tarea fácil, y María Claudia llegó con el perfil ideal para gerenciar una bomba a punto de activarse: conocimiento y capacidad de dialogar. Que alguien me explique entonces, ¿por qué es tan vehemente la oposición? ¿Acaso todos no queremos lo mismo? Eso, que Transcaribe llegue a su 100% y pasar al transporte acuático. A veces parece que no.

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