Masa y poder

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Elías Canetti dedicó su vida a escribir Masa y poder. La profundidad de su ensayo le dio el Nobel de literatura. El libro desnuda las crudas relaciones entre la masa y las artimañas de los poderosos para manipularlas.

La masa tiene unas características que la definen: la más importante, necesita crecer, vive para crecer, crece para vivir; los integrantes de la masa, por muchas diferencias que haya entre ellos se igualan, o pretenden ser iguales y olvidan, temporalmente, las diferencias (como aquí: estudiantes, indígenas, trabajadores, jóvenes, pensionados, etc.); la masa requiere movimiento, necesita siempre una meta o un objetivo común que las cohesiona (como aquí, el desgobierno, la injusticia social, la falta de liderazgo, un estado corrupto, incapaz, alejado y sordo a la realidad). En la masa el hombre pierde temor, se siente seguro y hace cosas que jamás haría como individuo. La masa se fortalece con todo ataque externo.

Hay masas abiertas que si dejan de crecer desaparecen, están llenas de paradojas, son poderosas pero efímeras, con metas fugaces, incisivas pero inestables, inician con un fin y terminan muy diferente. Ellas hicieron la revolución francesa, el III Reich, la primavera árabe, la tragedia de Venezuela. Las masas cerradas son limitadas pero estables, persiguen metas lejanas e invisibles, como las sectas, cultos o religiones.

El poder se manifiesta como un momento de supervivencia. Así la posesión de poder es supervivencia. El derecho a decidir sobre la vida y la muerte es el instrumento más poderoso y eso lo saben la masa y el poder. Para mantener el poder debe existir un permanente sentimiento de amenaza. La masa se controla por paranoicos que tienen el poder absoluto de la vida y muerte. Dice Canetti, “la masa más silenciosa es la de los enemigos muertos”. En los regímenes totalitarios el poder está en manos del gobernante y se basa en la violencia como amenaza externa o como método de obediencia. En la masa la orden y la acción son fundamentales. La orden se da, se entiende, se obedece y se cumple. El impulso, por miedo al castigo o por el estímulo de la masa, lleva a ejecutar la orden, con una abnegación patológica; las personas son capaces de acciones peligrosas, arriesgadas, horribles, que, en retrospectiva, después, no saben cómo las hicieron.

Hoy continúan los paros, marchas y demás. Se nota el desgaste y el movimiento de la masa intentando crecer. Entre tanto, el poder intenta detenerla al dividirla o comprarla. No tengo soluciones solo esperaría que: la masa adquiera responsabilidad de su poder y no se deje manipular por los otros; y que el poder, el Estado, entienda las necesidades de la masa, asuma su liderazgo y convenza a la masa creando soluciones. Lo decía Canetti: “Hay que defenderse de todo lo que somos, pero de tal manera que no lo destruyamos”.

*Profesor Universidad de Cartagena.

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