Medicina para la moral

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Sin duda los avances en la medicina han sido positivos y contundentes, sobre todo en la de la genética humana. Sus mejoras buscan la cura para distintas enfermedades físicas y para padecimientos emocionales. Existe la propuesta de científicos del Centro Oxford de Neuroética, titulada “Enhansing Human Capacities”, de producir medicamentos que mejoren nuestra moralidad. Podremos controlar la agresividad, erradicar pensamientos racistas, aumentar nuestra solidaridad, elevar nuestra empatía con los demás o abstenernos de malos actos. En este centro hicieron investigaciones que muestran que ciertas medicinas influyen sobre los dilemas morales de las personas, ayudando a la humanidad a afrontar temas globales. Incluso creen que serian más eficaces que la misma cárcel para mejorar la moralidad del hombre, aunque los científicos tienen sus reservas de que se pueda victimizar a algunos que por efectos de la medicina se vuelvan más confiados y por lo tanto más vulnerables a las personas menos morales, que siempre existirán.

Le caería bien esa medicina maravillosa a un grupo de políticos “non sancto”. Incluso sería bueno suministrarla a algunos personajes presos, que siguen delinquiendo y manejando los hilos de la corrupción. Porque ni siquiera la cárcel ha podido con ellos.

Es sano el temor de los científicos de que personas inescrupulosas se aprovechen de los que han ingerido la medicina para volverse buenos, porque los malos seguirían haciendo de la suyas. 
Cómo me gustaría darles una dosis doble e intravenosa, porque la medicina también saldrá al mercado inyectable.

Pero donde radica la importancia de esta asombrosa medicina es que al tomarla no solo producirá cambios a quien la usa sino que probablemente se trasmita de generación en generación, acabando las malas prácticas políticas que se heredan de padres a hijos.

Todavía para fortuna de los malos, el asunto sigue siendo teórico y está en prueba. Pero en cualquier momento, para contento de los buenos ciudadanos, saldrá al mercado.
Yo particularmente la tomaré para evitar irme los viernes de juerga con mis amigos.

O se la daré a unos conocidos que les molesta el color de piel de su vecino. O a mi hermano, que se irrita con las malas prácticas de algunos concejales. O a un expresidente, para que no coja tanta rabia. O a algunos amigos para que se pongan de acuerdo en sus diferencias. O para que los que más tienen se apiaden de los que menos tienen.

gabrielrodriguezosorio@hotmail.com

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