Meditaciones de Pedrito

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Hace poco más de un año, un honorable partido político presentó un candidato con vasta experiencia. Sin embargo, la Procuraduría advirtió, mucho antes, que la elección estaría viciada. El partido no hizo caso, la advertencia no le pareció creíble y pasó lo que se predijo: la Procuraduría lo denunció y pocos días después de la elección entramos en nuestra eterna incertidumbre. Hoy no quedan claras las razones que tuvo ese partido. Mentes malévolas vieron en ello dudosas intenciones politiqueras. De cierto os digo que debió haber tenido poderosos argumentos y el mejor interés de la patria. A pesar que el tiempo confirmó el sino trágico de Cartagena, eso no les quita peso y validez a esas razones que, aun hoy, no conocemos.

Algunas “fuerzas vivas” apoyaron, sin restricciones, al candidato. El día de las elecciones la inmensa minoría votó por la opción cuestionada. Hoy, después de meses de cavilaciones no es posible encontrarle argumentos a la decisión que unos y otros tomaron. Gentes perversas vieron en esto motivos económicos: para los primeros, pingües ganancias que, a muy corto plazo, les reportaría su inversión en la campaña; para los otros, un simple almuerzo o unos cuantos billetes serían suficiente. En contravía, un abrumador 77% de cartageneros no votó y casi 10.000 lo hicieron en blanco. Unos y otros, a su manera, se negaron a cohonestar la elección. Ese día aciago la silenciosa mayoría dejó en manos de unos pocos el futuro de todos. Aunque se han esgrimido explicaciones para el abstencionismo, no se entiende que quienes no cumplen con su deber, un día, pretendan ejercer, después, el eterno derecho al pataleo.

Luego de 20 alcaldes en 30 años y otras tantas alcaldadas ocurrió algo increíble. Lo que debería ser la norma y que por estos lares nunca pasa, ocurrió: el elegido a dedo lo ha hecho, al parecer, bien. Resulta más sorprendente que, como pocas veces, la ciudad entera, la vicepresidente y el mismo presidente estaban de acuerdo en la continuidad del alcalde encargado, no solo por su independencia y su gestión, que algunos podrán cuestionar, sino, por algo más de Perogrullo, el sentido común: queda tan poco tiempo que otro alcalde más no se puede entender ni aceptar en esa cascada infinita e inane de alcaldes.

Sin embargo, allende las montañas, prohombres de la patria, eminentes todos, a nombre del partido que nos metió en este berenjenal, y desoyendo las voces de la mayoría, propuso una terna sin el ternado esperado. Los mal pensados de siempre han querido ver vulgares intereses de manzanillos pre electorales. Con toda seguridad están equivocados. Otro día me extenderé en las Meditaciones de Marco Aurelio. Vale decir que, en medio del fragor de batallas y reyertas políticas, nos dejó joyas como esta: “Lo que no es bueno para la colmena, no puede ser bueno para las abejas”.

*Profesor Universidad de Cartagena

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