Columna


Mercadeo Responsable

JESÚS OLIVERO

JESÚS OLIVERO

20 de abril de 2018 12:00 AM

Entre mis frutas preferidas, además de la guayaba silvestre y la guama, está el durazno criollo. Es más pequeño que el importado, su sabor es fantástico, y lo más importante, es libre de plaguicidas. Ofertar más productos nacionales y menos importados debería ser una política pública porque al adquirirlos mejoramos los ingresos de nuestros campesinos y evitamos exponernos a contaminantes ambientales asociados a disrupción endocrina y muchas enfermedades. 

Por alguna razón, los supermercados, además de ofrecernos frutas de otras latitudes, manzanas, peras, duraznos, por mencionar tres, con una gran huella de carbono y pesticidas, les fascina empacarlo todo en plástico. Seis duraznos en Carulla, al igual que en muchos otros almacenes de cadena, requieren un empaque de cinco gramos de poliestireno. Esa cantidad de plástico permanecerá en los rellenos sanitarios por un largo tiempo, para convertirse en gas invernadero. Esto no es necesario y contamina cualquier lógica sobre mercadeo responsable.

Cuando apareció el impuesto a las bolsas, Carulla intentó también tomar la delantera y vendía bolsas de plástico gigantes con el eslogan “Yo no contamino, yo traigo mi bolsa”. Pero las bolsas eran plásticas, y por tanto, la contaminación mayor. Pequeño detalle olvidado. Hace poco vi que ya venden bolsas de tela, y los felicito, eso es algo, aunque apenas obvio.

Estos almacenes deben cambiar, sin inventar nada, solo tomar algunos ejemplos de distintos países para cortar el cordón umbilical con el plástico. Por ejemplo, pueden poner canastos y exigir a los proveedores productos de calidad para evitar camuflar una fruta pequeña, o en mal estado, con cinco buenas; mostrar el origen del producto, incluso el nombre de la finca, daría sentido de pertenencia; generar cero residuos alimentando una celda de compostaje con los productos en mal estado, entre otras iniciativas, sería fascinante.  

Lamentablemente cada vez visitamos menos los mercados públicos. Y otros, como el de Santa Rita, rinden tributo a la macondianidad administrativa. Es increíble que aún esté cerrado.

Sería interesante que para los supermercados existiera el índice de compromiso local, una relación entre el valor de los productos comprados a los campesinos nuestros, con respecto al de los importados. No todo tiene que ser por presión normativa, estos almacenes que cobran bastante por sus productos, deben tomar más y mejores iniciativas en pro de las comunidades que les soportan el negocio con las compras. Ojalá despierten y descubran que además del lucro, la gente es importante y merece un planeta con menos plástico y más frutas de los Montes de María.

 

*Profesor

@joliverov 

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