Mi primera vez

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Les confieso que en un principio la columna de hoy estaba pensada en las fiestas de noviembre, pero en otro sentido. Quería analizar el repetitivo desorden que se da en algunos barrios, como en Los Calamares y El Campestre, donde el goce terminó en enfrentamientos con la Policía.

En resumen, escribiría que de no empezar a trabajar con urgencia, desde principio de año, por una pedagogía festiva integral, seguiremos viendo la misma escena en redes sociales: policías respondiendo con bolillo y gases lacrimógenos ante el asomo de desorden. Por el otro lado, unos muchachos desadaptados que tiran piedras y botellas a la autoridad. Sigue siendo un reto grande para la ciudad y para los entes que promueven la celebración, asumir la responsabilidad en la organización, el control y el comportamiento en general, sobre todo en los improvisados banditos.

Pero hoy quise escribir sobre mi propia experiencia en estas fiestas. Créanme, solo hasta un día antes decidí integrar la comparsa Prensa Festiva, liderada por Ada Echenique, para participar en el Desfile de la Independencia, el popular Bando. Me mandaron varios videos para que practicara la coreografía y luego corrí a buscar una ropa que entonara con la de mis colegas.

Llegó el día. A las 2 p. m. arrancaba el gran desfile. A la 1:20, mientras mis compañeros ya estaban organizados en la avenida Santander, delante de la carroza del Colectivo Traso, yo permanecía atascado en un trancón por Santa Rita. Me bajé del carro y cogí una mototaxi. Otra vez, el corre corre.

Pensé que no iba a llegar, pero a la 1:50 ya abrazaba a mis amigos periodistas que estaban organizados. Ese recorrido ya lo había hecho años atrás, pero como reportero, entrevistando a los espectadores y participantes, a las reinas y organizadores en pleno desfile. Esta vez, iba a ser diferente.

Era el último de la fila, con la papayera a mi espalda. Levanté mi sombrero y con una sonrisa de oreja a oreja empecé a bailar a paso lento. Mi pareja de baile extendía su pollera colorá, mientras mis hombros hacían un zigzag para darle un par de vueltas en círculos. El gentío agolpado de lado y lado de la vía no dejaba de aplaudir. El entusiasmo a esa hora era contagioso, el sol brillaba a la tonalidad perfecta. La música viajaba con el sonido de las olas, y el color con la brisa. Amigos que detrás de las vallas me saludaban, sorprendidos de verme en ese derroche de alegría; vecinos que desde los palcos me tiraban espuma; las cámaras que enfocaban mi sudor. No sé en qué momento terminó. Me senté a descansar en un bordillo del Parque de la Marina con los demás de la comparsa y les dije: Estoy feliz. Muchas gracias y perdónenme por no estar desde el principio. Qué gran fiesta la que tenemos en nuestra ciudad, qué gran comportamiento, qué gran organización. Resonó Cartagena por su Independencia.

Desde ya me apunto para el desfile del año que viene. Espero que seamos más.

Periodista. Magíster en Comunicación. Twitter: @javieramoz

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