Michi en el Caribe

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A Michi Sarmiento lo llevé a Guyana y años más tarde a Jamaica. Su actuación musical fue un gran acontecimiento. Michi encarna el espíritu caribe. Su ancestro africano amalgamado con esa prodigiosa raza que emergió por la ribera del canal del Dique lo convirtió desde joven en músico de renombre. Como retoño de Clímaco Sarmiento, el genio de Soplaviento, lleva en sus venas sonidos de tambores, gaitas, clarinetes y saxofones. A Guyana llegó sin maletas. Las perdió en el aeropuerto de Trinidad y fue preciso recurrir a mis trajes de embajador para calmar su enojo. Le entregué corbatas Hermes, pantalones italianos de cachimir y varios paquetes sin estrenar de calzoncillos Calvin Klein para refrescar sus preocupaciones. Pero nada mejor para él que sus atuendos africanos que por suerte aparecieron al otro día. Ekobios y Dixon Pérez lucieron sus vistosas plumas. Farah, la hija de Michi, bella y garbosa, bailó sin descanso. A Jamaica llegó 10 años después. Organizamos un concierto con el mejor saxofonista de Kingston y un baterista de Montego bay. La aclamación fue total. Sorpresa grande le di el 1 de noviembre del 2014, día de su cumpleaños, cuando invité al legendario Fredy MacGregor, el más recordado protagonista del Festival de Música del Caribe, a una cena en el hotel Spanish Court. Michi llevó el saxofón e intempestivamente se levantó e interpretó reggae ante la sorpresa de quienes estaban allí. Hizo un homenaje a Bob Marley y paralizó a los huéspedes. Cuando le pregunté cuándo se aprendió “No woman No Cry” me dijo riéndose: el mismo día que “la Vaca Vieja” y arrancó con “la Vaca Vieja” pero al ritmo de reggae, y la gente comenzó a bailar. No sé imaginan mi fascinación. Michi no paraba, era una tras otra. Tuve que pedirle “Pie Pelúo” y “Tío Caimán” para cerrar la noche. Qué recuerdos tan agradables vivimos. Con Michi Sarmiento sentimos a Colombia y al Caribe con el alma. Esa noche al regresar a la residencia me dijo con gracia: -Oiga embajador, cuándo será que ustedes los blancos van a aprender a tocar para poder bailar nosotros los negros-.

Rafael, mi hermano, quiere mucho a Michi. En su nombre lo llamé el día del padre y en el diálogo nos recordó que “Pie Pelúo” lo compuso su padre a una prostituta en Tesca, única mujer del cabaret que lucía un copioso lunar peludo en el dedo gordo del pie y en el empeine. Al parecer Clímaco conquistó a la damisela y en una noche de amor quedó atrapado por el embrujo de aquellos lunares fascinantes. Las cosas que me contó Michi habrá más tinta Caribe para escribirlas.

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