Columna


Mis amores

LINA MARÍA ACOSTA ARANGO

24 de noviembre de 2022 12:00 AM

Recuerdo el día que mis padres nos contaron que nos trasladábamos a Cartagena, y cómo la idea de vivir frente al mar llenó de fantasías mi mente infantil. Llegamos de noche pues viajamos en carro desde Medellín. Al día siguiente me levanté antes de que el sol saliera, solo para desde el balcón contemplar la aparición del mar, mientras, el olor a sal y la brisa invadieron mi espíritu llenándome de alegría. Ahí comenzó mi historia de amor con esta ciudad. Años después estudiando arquitectura en la Tadeo cuando quedaba en el claustro de la Merced, conocí a mi otro amor. Caminaba desde allí al parque de La Marina de regreso a casa, era miércoles, 5 de la tarde y de pronto la calle y mis sentidos fueron invadidos por música clásica que salía de las ventanas de la casa de la Sociedad de Mejoras Públicas de Cartagena en la calle Don Sancho, parecía escena de película mi respiración y el tiempo parecieron detenerse, fue amor al primer sonido. En adelante esperaba ansiosa salir de clase los miércoles para escuchar maravillosos conciertos. A propósito, por esa misma vía conocí a mi gran amor y compañía, pero esa es otra historia que de pronto contaré después. Como el amor no quita conocimiento, investigando supe el enorme papel de la Sociedad de Mejoras Públicas en el desarrollo de la ciudad. Su creación a principios del siglo pasado cuando el señor Crismatt y un grupo de amigos descubrieron bajo un cerro lleno de monte el Castillo San Felipe de Barajas. La encomienda del antes Ministerio Transporte de salvaguardar nuestro patrimonio militar, la restauración de murallas y baluartes y del mismo Castillo.

Asesoró y realizó acompañamiento técnico a los alcaldes de principios y mediados del siglo pasado ofreciendo el conocimiento y consejo de sus miembros, todos ellos con alta educación y carácter cívico, en todo lo concerniente a obras públicas; participó en la declaratoria de Cartagena como Patrimonio Histórico de la Humanidad, realizó amoblamiento urbano. Su aporte a la promoción de la cultura fue y es permanente, y tantas cosas más que no alcanzo a escribir, pero sobre todo me cautivó el trabajo de hombres y mujeres sin más interés que el bien de nuestra ciudad.

Me enamoré de la Sociedad de Mejoras Públicas tanto, que el amor me llevó a hacerme miembro y durante mucho tiempo he trabajado apoyando sus proyectos y ejecuciones. Hoy a pocos días de ella cumplir 99 años de servicio a la ciudad sigo firmemente comprometida a seguir a su lado y al de mi querida Cartagena e invito a quienes quieran trabajar con todas sus fuerzas por una ciudad mejor, a que se unan a ella y sigamos juntos trabajando por esa Cartagena que todos soñamos.

Recuerdo el día que mis padres nos contaron que nos trasladábamos a Cartagena, y cómo la idea de vivir frente al mar llenó de fantasías mi mente infantil.

Llegamos de noche pues viajamos en carro desde Medellín. Al día siguiente me levanté antes de que el sol saliera, solo para desde el balcón contemplar la aparición del mar, mientras, el olor a sal y la brisa invadieron mi espíritu llenándome de alegría. Ahí comenzó mi historia de amor con esta ciudad.

Años después estudiando arquitectura en la Tadeo cuando quedaba en el claustro de la Merced, conocí a mi otro amor. Caminaba desde allí al parque de La Marina de regreso a casa, era miércoles, 5 de la tarde y de pronto la calle y mis sentidos fueron invadidos por música clásica que salía de las ventanas de la casa de la Sociedad de Mejoras Públicas de Cartagena en la calle Don Sancho, parecía escena de película mi respiración y el tiempo parecieron detenerse, fue amor al primer sonido. En adelante esperaba ansiosa salir de clase los miércoles para escuchar maravillosos conciertos. A propósito, por esa misma vía conocí a mi gran amor y compañía, pero esa es otra historia que de pronto contaré después.

Como el amor no quita conocimiento, investigando supe el enorme papel de la Sociedad de Mejoras Públicas en el desarrollo de la ciudad. Su creación a principios del siglo pasado cuando el señor Crismatt y un grupo de amigos descubrieron bajo un cerro lleno de monte el Castillo San Felipe de Barajas. La encomienda del antes Ministerio Transporte de salvaguardar nuestro patrimonio militar, la restauración de murallas y baluartes y del mismo Castillo.

Asesoró y realizó acompañamiento técnico a los alcaldes de principios y mediados del siglo pasado ofreciendo el conocimiento y consejo de sus miembros, todos ellos con alta educación y carácter cívico, en todo lo concerniente a obras públicas; participó en la declaratoria de Cartagena como Patrimonio Histórico de la Humanidad, realizó amoblamiento urbano. Su aporte a la promoción de la cultura fue y es permanente, y tantas cosas más que no alcanzo a escribir, pero sobre todo me cautivó el trabajo de hombres y mujeres sin más interés que el bien de nuestra ciudad.

Me enamoré de la Sociedad de Mejoras Públicas tanto, que el amor me llevó a hacerme miembro y durante mucho tiempo he trabajado apoyando sus proyectos y ejecuciones. Hoy a pocos días de ella cumplir 99 años de servicio a la ciudad sigo firmemente comprometida a seguir a su lado y al de mi querida Cartagena e invito a quienes quieran trabajar con todas sus fuerzas por una ciudad mejor, a que se unan a ella y sigamos juntos trabajando por esa Cartagena que todos soñamos.

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