Columna


Moncho, juglar silencioso

EDUARDO GARCÍA MARTÍNEZ

01 de octubre de 2022 12:00 AM

Lo he observado por años acariciando su guitarra, sacándole notas sentidas para agregar esencia sonora a sus hermosas creaciones musicales.

Lo hace de día o en la noche, pero es especialmente creativo en la madrugada, cuando toma apuntes en una libreta y tararea los recuerdos que han estado en su mente por largo tiempo. Le canta a su pueblo, sus amigos entrañables, sus familiares, sus aventuras en Colombia y otros países en los que ha vivido, y tiene una fuente inagotable en la que bebe para rendirle tributo al ritmo que más conmueve su espíritu: el porro.

Lo ha investigado a fondo con el músico y escritor Edgardo Esquivia, conoce sus orígenes, evolución, influencias, impacto en el sentir de la gente de su tierra y ha compuesto porros que son verdaderas joyas. Tres mis preferidos: La cuarta raza, Los colores del porro, El juglar no ha muerto, este un sentido homenaje a su coterráneo Pablito Flórez. En La cuarta raza da voz humana al porro:

“Muchos viven confundidos no saben quién soy/ y si quieren conocerme les cuento mi origen/ yo soy euroafrindio/ soy la cuarta raza/ traigo pergaminos de tres continentes/ y me metí en el alma de toda la gente...”.

Rafael Ramón Figueroa Pastrana, a quien todos conocen como Moncho Figueroa, tiene un puesto ganado en la musicalidad ancestral del Sinú pero se mantiene en un discreto silencio que solo rompe cuando se reúne con sus amigos en Ciénaga de Oro, Sincelejo, Cartagena, para dar rienda suelta a su creatividad. Sucede cuando lo atropella la nostalgia y corre a casa de Pemeca, su entrañable camarada sincelejano, verdadera enciclopedia de la música popular de la sabana costeña.

Moncho vivió años en Estados Unidos, es ciudadano americano pero ha llevado el porro siempre en el corazón y le canta con creciente emoción. Varios de sus temas han sido interpretados por cantores diversos, pero se escuchan con acento especial en su propia voz. Toca también el acordeón y con sus hermanos Nelo, Carlos y Chicue, y su primo Laureano Cardona, formó el primer grupo musical vallenato que se conoció en Chicago en los años 70.

Ahora el juglar busca romper el silencio, armar una banda de músicos veteranos que estén más allá de los cantos de sirena de la fama, para seguir indagando y explicando en detalle los más recónditos secretos y las muchas vidas del porro, rey indiscutido de la cultura festiva en la región sinuana y sabanera. Quiere llevar con su canto a una mayor comprensión de lo que el porro significa en la musicalidad del Caribe colombiano.

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